Críticas


 

Vargas Llosa: entre la narrativa y el teatro

Por Luis Alberto Rosas

No todo buen narrador es buen dramaturgo, ni todo buen dramaturgo necesariamente es buen narrador. Ambos cuentan historias; y ciertamente, podríamos decir que los dos son entonces creadores de anécdotas. Sin embargo, la forma de plasmarlo en el papel es distinta, la forma de llegar al lector o espectador, difiere; existen grandes contrastes entre la dramaturgia y la narrativa o prosa, aunque siempre apunten al mismo objetivo: contar una historia.

La diferencia más definitiva, es que la narrativa crea tiempo, pero carece de espacio, el espacio cobra vida en la mente del lector. El drama crea espacio y tiempo, porque ocurre ante nuestros ojos, se revela a través de los actores que encarnan los personajes, que "hacen", que accionan; por ello la narrativa se vale de la descripción y el drama –por el contrario-, se vale de la acción, porque si no, ¿cómo lo representa un actor? La narrativa nos relata hechos en pasado, hechos que ocurrieron. El drama nos relata hechos que ocurren ante nuestros ojos, de otra manera los actores serían simples narradores, no necesitarían hacer nada en el escenario, sino hablar.

Lo anterior nos sirve de introito para el análisis del más reciente montaje del Grupo Actoral 80, quienes celebrando sus primeros 25 años sobre las tablas, nos ofrecen en el Teatro Trasnocho, su lectura de la más reciente pieza del reconocido escritor peruano Mario Vargas Llosa, Al pie del Támesis. La obra parte de una anécdota personal que le relatara un amigo al autor sobre el peculiar encuentro que sostuvo después de treinta años, con un poeta venezolano, transformado en poetiza gracias a una operación de reasignación de sexo.

La pieza de ficción, relata el supuesto encuentro entre Chispas Bellatín (Iván Tamayo) y Pirulo Saavedra, transformado en Raquel Saavedra (Carlota Sosa) quienes "aparentemente" sostienen una conversación en un lujoso hotel de Londres, donde el primero se hospeda por asuntos de negocios. Pirulo engaña a su entrañable amigo y haciéndose pasar por su hermana, produce el encuentro que llevará a Bellatín a confesar su desequilibrio emocional, ocasionado por un episodio violento ocurrido entre los dos hace treinta años en el gimnasio donde asistían y en el que Pirulo intentó besar a Chispas. Lo interesante del giro de la historia es que se revela que el encuentro de hace tres décadas, fue la concreción del asesinato de Pirulo por parte de Chispas como reacción al intento de seducción.

Lo inteligente del texto radica precisamente en este particular: la conversación vista, ocurre sólo en la mente del trastornado Bellatín, quien no ha podido superar el hecho y que no es capaz de asumir su homosexualidad. Sin embargo, esta aparente conversación es sólo eso, una conversación.

El director, Héctor Manrique, hábil hombre de teatro, elige un elenco de veteranos que por una hora y algo más hacen de actores-narradores; actores que hablan, extraordinarios actores que deben recrear todo con la palabra. Y no les queda otra, porque no hay teatralidad; no existe acción teatral en la que el director pueda ampararse. Su correcto manejo en la conducción de los actores a la hora de la interpretación textual, hace que el público se enganche. Cuesta arriba lo coloca Vargas Llosa, pero el Actoral 80 logra salir airoso. Pero no sólo este particular se logra sortear. Manrique, procura que sus intérpretes no rayen en el melodrama de la insólita situación planteada y las consecuencias que ésta trae a los personajes involucrados en el hecho. En este tipo de teatro de la "no acción", los actores están tentados hacia el exceso dramático para no aburrir al espectador, y el director debe cuidarlos para conseguir el resultado que espera.

Al pie del Támesis podría ser una novela convertida en drama o un drama narrado, y no por ello carece de ingenio y tino en la construcción del conflicto y los personajes. Este un tipo de teatro muy complejo de llevar, muy difícil de representar y que obliga al intérprete a localizar todo el peso de la acción dramática dentro de sí; la acción se transforma en interna y no externa, no se representa, no se hace; se siente y se lanza al público. Y mayor riesgo el aceptado por el Grupo Actoral 80. Estamos seguros que con las sólidas actuaciones del dúo Sosa-Tamayo, quienes se muestran seguros, convincentes, conmovedores y demostrando su amplia experiencia en el oficio, Al pie del Támesis logrará cautivar al público venezolano ofreciéndole teatro venezolano de altura.
 


L. A. R. *
Caracas, 3 de Octubre de 2008

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