Críticas

 

Teatro en análisis: Gorda

Por Inés Muñoz Aguirre

 

Obra: Gorda
Autor: Neil Labute
Actores: Liliana Meléndez; Luis Gerónimo Abreu; Antonio Delli y Marta Estrada
Dirección: Héctor Manrique

 

 
Gracias a la crisis que atraviesa nuestro país, los artistas están trabajando sin parar, porque han tenido que asumir el reto de llevar adelante sus carreras sin depender de los subsidios estatales. Con suerte, lo que para otros podía significar una caída, se ha convertido para ellos en un reto, que nos ha llevado a contar con una variada cartelera teatral. Una cartelera que sorprende por su variedad y que nos confronta con un teatro que no se hace solo para reír. El fantasma de un público fácil siempre ronda, pero trabajos como la obra de Neil Labute: Gorda; abren un camino a descubrir un espectador que se ríe y que transita delicadamente hacia la reflexión sobre los valores de la sociedad contemporánea.
Desde su presentación más sencilla GORDA nos cuenta la historia de Tommy, un hombre que se enamora de Helena, una mujer inteligente, graciosa, sensual, divertida y con 30 kilos de más. Sus amigos lo hostigan con comentarios que lo conducen a enfrentarse con sus propios preconceptos acerca de las apariencias. Cuatro personajes parecen perseguirse los unos a los otros en una situación en la que el colorido, la iluminación y la música nos tienden la trampa. Es una obra que nos conmueve y que invita a la reflexión. Es una obra dura como es la dramaturgia de Neil Labute, un dramaturgo controversial que se ha caracterizado por sus aguzadas e inquietantes representaciones de las relaciones humanas. La sexualidad, la sordera; la maldad, la religiosidad; hasta abordar uno de los temas más sensible de los americanos como lo es el once de septiembre. Labute juega con las realidades y muchas veces se ha visto cuestionado por la sociedad que el cuestiona, pero indudablemente bajo unos visos de éxito, si amarra los resultados de su trabajo al concepto de que siempre la verdad triunfa.
La puesta en escena de Héctor Manrique no deja lugar a duda sobre la buena utilización del espacio y de los recursos escenográficos que muy bien manejados por los actores dan respuesta de todas las necesidades de representación de la pieza. Un movimiento sin pausa no deja tiempo para el despiste por parte del espectador, por el contrario el paso de un cuadro a otro de la pieza se hace con tal dinamismo que no se puede ignorar el excelente juego interpretativo que logran Antonio Delli y Marta Estrada para realizar dichos cambios, rosando un agradable concepto de picaresca que nutre el desarrollo de la historia. Eliminando a su vez la estructura formal de unos espacios convencionales.
La historia principal recae sobre Luis Gerónimo Abreu y Liliana Meléndez, quienes logran construir unos personajes en los cuales no se les escapa detalle. El personaje de Meléndez conquista, atrapa al espectador quien inconscientemente asume su velada defensa. A medida que avanza la obra podemos apreciar las transformaciones de ambos personajes hasta el punto de conmover al espectador, quien se involucra por completo en la historia de estos dos personajes que se confrontan a sus emociones, a sus miedos y a sus soledades tan particulares. Cada uno desde su espacio, pero destacando la honestidad de la gorda que se muestra desde el principio, transparente, tal cual es. Sin dobleces.
También son personajes solos, los compañeros de trabajo de Tommy. El personaje interpretado por Delli, levanta en el público exclamaciones de asombro. Su sarcasmo y su desfachatez se convierten en una sorpresa permanente, en la que el personaje parece retarse de forma constante con el objeto de superarse a sí mismo. En su momento de mayor debilidad reconoce los efectos que ha tenido sobre él, ser hijo de una mujer gorda. La venganza, la burla y la humillación se convierten en armas letales con los que prefiere herir a quienes le rodean, aunque en el fondo sabe que no sale ileso de tanta agresividad. Antonio Delli juega con buena parte de sus recursos interpretativos para poner el público a su favor. Martha Estrada desarrolla un personaje a la altura de sus circunstancias. Un personaje que invita a establecer el contraste entre dos figuras, dos conceptos de vida y dos formas opuestas de manejar sus sentimientos.
La risa y las emociones están servidas en este trabajo que vale la pena ver y sobre todo, reflexionar luego sobre su planteamiento.

Publicarte, 13 de noviembre de 2011

 

 

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