Críticas

La Revolución

Por Salomón Benshimol

El escenario, que semejaba a un cabaret, resultó pequeño para la inmensidad de Héctor Manrique y Basilio Álvarez en la interpretación de los homosexuales Eloy y Gabriel, de la magistral obra de Isaac Chocrón. Qué fácil es poder expresarle al “Grupo Actoral 80″ lo excelente que resultó su trabajo en la puesta en escena de “La Revolución”, del eminente dramaturgo venezolano, Isaac Chocrón, en el escenario de Corp Banca, en La Castellana, Caracas. No obstante, se hace muy difícil explicar cómo los actores Héctor Manrique y Basilio Álvarez logran personificar a unos personajes que tratan el problema de una minoría, como es la de los homosexuales. En la obra se destaca cómo los protagonistas son atrapados por el tiempo y se respeta su condición, para así darle rienda suelta a su propia “revolución”, hasta ese momento muda y sin vida propia, pero que siempre han llevado por dentro y que al final debe salir cuando Gabriel comienza a narrar, como un subterfugio a su inestabilidad emocional.

Ya no son posiciones, ni muchos menos válvulas de escape, es la misma realidad que Gabriel siente, él necesita un cambio total en su vida, es precisamente en ese momento cuando aflora su “La revolución” y dice a Eloy, su compañero y amigo de siempre, con un sentido muy de reclamo a la vida y a su misma existencia, algo muy notorio en la forma de expresar en la literatura de Chocrón: “A ver si pasa algo, ¿no es verdad?, porqué allá fuera no está pasando nada”. Esa queja, llena de dolor y realidad la siente el público como un reclamo de que el mundo avanza pero que las cosas que deben ser cambiadas esperan su momento, el cual no llega y se debe iniciar “La revolución”. Allí es cuando a Gabriel le brota del alma y le dice con todo su sentimiento a Eloy: “..Y a lo mejor, aquí conmigo, puede que tengan el presentimiento, de que algo todavía puede pasar…”.

Puesta en escena

Tiene dos aspectos importantes, ya que el primer acto está lleno del misterio de una comedia que sería simple, sin tapujos, que quizás su autor no quiso definir para permitirle a los directores y actores que utilizaran su texto tuvieran la oportunidad de crear y de hacer la vida de sus personajes, prepararlos para el desarrollo del drama que se encuentra por aflorar y el cual se producirá indiscutiblemente desde el comienzo del segundo acto.

El espectador empieza a percibir que “La revolución” no es otra cosa que la transformación de los marginados, en este caso concreto de los dos homosexuales, Gabriel y Eloy, que llegaron al ocaso de su vida arruinados y fracasados, convertidos en hazmerreír de un público que en otras ocasiones los aplaudió. Recordemos el simbolismo de la bandeja como sinónimo de ser servidor o servicio de otros y que para Eloy representa el único camino de poder subsistir. El espectador comienza a sentir el verdadero drama y el dolor de la soledad de esas minorías que tratan de prolongarse en el tiempo y en la vida.

Actores de quilates

Héctor Manrique y Basilio Álvarez saben captar desde el inicio el interés y la compresión por los personajes de Eloy y Gabriel, en donde se ve claramente el deterioro humano de seres que tratan de escapar de la realidad de sus propias vidas, sin asumir su verdadera esencia y se refugian en el escenario y la actuación, pero en algún momento tienen que enfrentarse a sí mismos, buscar de superar sus vidas y sus complejos, el miedo y la desesperación que los llevarán por caminos imprevistos.

Gabriel ya no puede vivir su propia revolución, en cambio Eloy espera que todo cambie con el fin de continuar viviendo su presente de la misma manera que lo ha hecho siempre.

El escenario, que semejaba a un cabaret, resultó pequeño para la inmensidad de Manrique y Álvarez en la interpretación de Eloy y Gabriel, de verdad sobrepasaron las expectativas del que escribe esta nota sobre sus magistrales interpretaciones.

La dirección

Debemos reconocer que reflejó técnicamente los resultados de la puesta en escena. Creemos que todos los elementos utilizados fueron bien planificados. El vestuario no pudo estar más a tono con lo que se buscaba y el maquillaje logró su cometido. La escenografía cumplió su labor y logró su ambientación.

Debemos decir que el lugar donde se llevó a cabo la puesta en escena no es el más apropiado, hace perder muchos elementos teatrales y no permite que el espectador perciba en su totalidad la excelente obra, además, en algunos momentos se perdía la claridad de lo que decían los actores. Es posible que en vez de haberse presentado en un escenario lo hubieran hecho en un teatro circular, aprovechado el espacio. Así la vivencia escénica gozaría de mayor libertad en su puesta en escena.

Creemos que Basilio Álvarez y Héctor Manrique deberían estudiar esta sugerencia en próximos montajes. Ellos saben la química que tienen como actores, interpreten el papel que sea, en cualquier escenario, algo muy difícil de conseguir, pero una vez lograda es casi imposible de romper.

Recomendamos ver este nuevo montaje de “La revolución” de Isaac Chocrón, no sólo por su excelente puesta en escena y las brillantes actuaciones de Héctor Manrique y de Basilio Álvarez, sino por la temática que nos expresa y la actualidad que contiene.

Un vista al pasado

Aunque vimos un texto remozado, nos damos cuenta que el tiempo avanzó desde que su autor, Isaac Chocrón lo puso en escena por primera vez en 1971, en el “Alberto de Paz y Mateo” y donde dos luminarias del teatro venezolano, hoy ausentes, Rafael Briceño y José Ignacio Cabrujas, dieron vida a esos personajes de Eloy y Gabriel, bajo la insigne dirección de Román Chalbaud, con el ya desaparecido “Nuevo Grupo”. Fueron muy pocas funciones, tuvieron que ser suspendidas.

Recordamos los comentarios del público asistente hacia “la valentía” de exponer un tema tan delicado y las violentas reacciones que se presentaron en la sala donde se llevaba a cabo la presentación: En esa época el tema de los homosexuales era tabú.

Debieron de esperar un tiempo para volverla a presentarla, constituyéndose en esa segunda temporada en un verdadero éxito de taquilla.

Fuente: Diario La Voz  15 de abril de 2007

 

 

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