Críticas


Aplausos para Caridad Canelón

Por E. A. Moreno Uribe

Hay un siniestro prejuicio cultural en el sector periodístico, y también en el artístico, que consiste en desdeñar y considerar menos actores o actrices a quienes ejercen su trabajo interpretativo, fundamentalmente, desde un canal de televisión. Tales “quinta columnas” de la infamia tras despreciarlos y cargarlos de epítetos sin fundamento alguno, rotulan todos sus trabajos teatrales como “comerciales”, además de otros “juicios de valor”. Sin embargo, la ignorancia y la maledicencia de esas mezquinas personas no han impedido que los espectáculos de tan vituperados profesionales capturen, noche tras noche, a miles de espectadores que los aplauden en las salas, ganen premios y viajen a otras ciudades o países para exhibir sus montajes. Por supuesto que esa polémica bizantina sobre “la mala calidad de los histriones de la televisión” o “la torpe comercialización de la escena” fue muy intensa durante los últimos 20 años de la centuria pasada y ahora sobrevive, o reaparece, cuando las verdes envidias se apoderan de unos cuantos rezagados, por no decir frustrados.
 

Ni el comediante aprestigiado en la pantalla chica es deficiente, ni el término comercial es deleznable como tal. Recordamos esto, porque si Mimí Lazo tiene 13 años presentando El aplauso va por dentro, según lo escribió Mónica Montañés y lo montó Gerardo Blanco, por lo menos una década de éxitos le auguramos a Caridad Canelón con su monólogo ¿Quien necesita qué?, de Darío Foo y Franca Rama, dirigido y producido entre Héctor Manrique y Carolina Rincón. El innegable éxito de ambos espectáculos es dado por su temática centrada en las vicisitudes de sendas mujeres, de edad mediana, quienes luchan lo indecible para ser felices, cuando lo tienen todo en contra, y porque además las intérpretes son muy populares con sus constantes roles en las telenovelas. Más allá de las múltiples valoraciones, subjetivas por supuesto, que se hagan de ellas, como comediantas –son muy destacadas en la televisión- sí convocan audiencia ayudando así el teatro como fenómeno social.

Caridad, que comenzó en la televisión cuando era niña, y ahora es toda una primera actriz (ademas de tener tres hijos, uno de 28 años), está en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural como cualquier debutante. Ahí plasma, de gran manera, a una mujer víctima del desprecio de su pareja y la rutina del hogar. ¿Temática y argumentación muy conocidas verdad? Sí, pero con modalidades que sorprenderán a la audiencia.

Como es la primera vez que Caridad se atreve a enfrentar solitaria un texto sobre las tablas, reveló estar muy contenta, “porque es un reto para mi, Es mi primer monólogo, Estoy enamorada del texto y sobre todo, del proceso y del hecho de hacer teatro. Para mi el teatro es liberador, es allí donde uno puede realmente ser libre, es el lugar donde quiero estar siempre". ¿Quién necesita qué? es una versión de la obra Una mujer sola, que fue montado por el Grupo Actoral 80 en 1988 y protagonizada por Verónica Oddó y dirigida por Enrique Porte. Ahora Caridad le da un rotundo cambio a su profesión y camina sin vacilar por la comedia, dejando atrás “los lagrimones, envidias e intrigas” que le han dado un espacio privilegiado en la televisión.

Durante una hora, el público es cómplice de la vida privada de una ama de casa, que no ama, ni tampoco tiene casa. Es un ser humano, esclavizado por los convencionalismos sociales y por ese miedo a la soledad que congela o idiotiza a hombres y mujeres por igual. El personaje se va descubriendo o desnudando sentimentalmente, bajo la benevolencia del humor, y muestra finalmente a una de esas mujeres anónimas y extraordinarias que dejan sus sueños colgados en la percha de la ropa planchada o chamuscados al calor de la cocina y solo viven para hacer que el sueño de los otros, bien esposos o hijos, se realicen. Es una versión contemporánea de aquella cosa tan terrible que es la esclavitud de las féminas. Y estamos hablando del mundo occidental, porque en los otros confines del planeta las mujeres todavía luchan porque las traten mejor que las mascotas domesticas.

¿Quién necesita qué? recuerda como la mujer, a pesar de luchar por ocupar una mejor posición en la sociedad actual, aún sigue marginada, humillada, utilizada, subestimada y usada como si fuera “un aparato eléctrico”, tal ha dicho Caridad Canelón.

Por supuesto que ella no está sola en la escena. El director Manrique la guío para que obtuviera su personaje y lo demás lo puso ella, que como mujer luchadora, sufrida y además conocedora de cómo son los “machos” pues coloca en escena sus impresiones o su memoria emotiva.
 
¡Verla es aplaudirla no solo a ella, si no a todas las mujeres que representa y materializa en escena, es una batalla victoriosa contra la exclusión por el genero y la conducta sexual!
 

El Espectador Venezolano, 5 de diciembre de 2009

 

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