Crítica

 

“Una lluvia constante” y los contrastes humanos

Por Aquilino José Mata

Como director, Héctor Manrique destaca por su versatilidad y buen hacer. A la hora de acometer un montaje teatral, del género que sea, prevalece notoriamente su habilidad y acabado conocimiento del oficio. Es su sello distintivo. Sus puestas en escena jamás dejan al espectador indiferente o insatisfecho.

Al frente del Grupo Actoral 80, ha sido un fiel heredero de su maestro y mentor, Juan Carlos Gené, autor de una frase tan certera como sabia: “El teatro -decía- presenta al hombre como es, angelical y homicida, tierno y cruel. Nunca ha sido ámbito de almibaradas visiones del hombre”.

Bajo esta premisa enfoca su más reciente producción dramática, “Una lluvia constante” (A Steady Rain), del estadounidense Keith Huff, una adaptación al español de un éxito de Broadway, que en su momento estelarizaron Hugh Jackman y Daniel Craig, y que se presenta en el Teatro Trasnocho, bajo la experta producción de Carolina Rincón.

En esta oportunidad los roles de los dos personajes de la pieza están a cargo del propio Héctor Manrique, igualmente talentoso y eficaz en lides histriónicas que en la dirección escénica; e Iván Tamayo, un actor de fibra, garra y personalidad, de esos que nunca quedan mal en ningún elenco, ya sea en las tablas como en la televisión.

Ambos encarnan a Joel (Manrique) y Dani (Tamayo), dos policías, amigos de la infancia, que enfrentarán una serie de acontecimientos inevitables, acaecidos bajo una de esas lloviznas largas e incesantes que castigan ocasionalmente a la ciudad de Nueva York, entre ellos un ajuste de cuentas, por parte de Dani, de un delincuente de origen latino, lo cual pondrá de manifiesto la delgada la línea que separa la necesidad de hacer justicia y la venganza. ¿Les suena conocido?

Tan terrible episodio tiende sobre los dos policías un cerco existencial que pone en tela de juicio, no solo su amistad, sino también su sentido del honor y la lealtad.

Durante poco más de hora y media, y con diálogos que parecen disparos de ametralladora, por la manera atropellada y rápida en que son dichos, casi sin pausas, inagotables e inquietantes, en un ambiente donde lo sórdido es el marco que agobia y nos sumerge en los vericuetos de una trama, que no concede ni un solo respiro a actores y espectadores, “Una lluvia constante” se erige como un buen espectáculo teatral, de esos que, como bien lo proclamaba el maestro Gené, “presenta al hombre como es, angelical y homicida, tierno y cruel”. No se la pierdan. @aquilinojmata

 

El Diario de Caracas, 9 de julio de 2012
 

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