De Interés

 

 

“Acto Cultural” en el Teatro Nacional

Por

Carlos Herrera

Por años, el Grupo Actoral 80 no había pisado las tablas del Teatro Nacional. En la 2da edición del Festival de Teatro de Caracas 2013, esta situación se revirtió.  

Un autor esencial como lo fue –y sigue siendo, José Ignacio Cabrujas (1935-1995) ha sido llevado de las manos por este colectivo hace ya varios años; incluso, en 2013, dos de sus piezas más primordiales como Profundo (1971) y Acto Cultural (1976) han sido cotejadas en puntos disímiles de nuestra urbe.

Cabrujas y su teatro ha mantenido un firme atracción a diversos públicos y para distintas generaciones. Casi toda su producción dramática supo expresar lo que para el escritor, Ibsen Martínez era ese magnético sentido de decirnos cosas, de que como dramaturgo suscribió hacia 2011, afirmando que tras el oficio de la dramaturgia tuvo esa aguda perspicaz para definirnos y definirse, pero que, especialmente logró aparejar en sus obras una “burlona disposición al escepticismo, su desengañada sabiduría sobre cuan prescindible ha sido y es Venezuela para el mundo”.

Ello se constata porque para un público conformado por distintas clases sociales con diversidad de miradas ideológicas se pudo sentar, uno al lado del otro pleno en ansiosa expectativa tanto el 28 de febrero como el 01 de marzo para retomar a su amado José Ignacio desde el Coso de Cipreses. Un público que lo disfrutó y valoró tras el sólido trabajo del GA80 con la diestra dirección de Héctor Manrique que hizo que Cabrujas siga estando más vivo que nunca y sobre todo, hacernos pensar que este autor debe estar en los grandes teatros del oeste de la ciudad- para que siga expresando su pensar a la sociedad del nuevo milenio.

De lo cotejado como respuesta conceptual, estética y artística ofrecida por el GA80 para esta producción de Acto Cultural diré que hizo honor a lo que el texto expresaba. No hubo excesos; aunque si algunos que otro algún acento para proyectar la postura del pensar que sostiene un creador como Manrique. Eso lo dijo y eso se le respeta porque el espectador era quien debía o no validarlo. La unidad visual fue limpia; el trabajo con el espacio compacto; la iluminación (de José Jiménez) correcta sin sumar o minimizar nada; la producción artística de Carolina Rincón plena en todos sus aspectos y, sobre todo, el sentido actoral como unidad discursiva tanto en la construcción de los personajes como en su exposición individual como de conjunto fue homogénea, llena de desparpajo y con riqueza en lo lúdico de los matices que hizo aplaudir a la platea.

Daré un rotundo aplauso al conjunto actoral conformado por Samantha Castillo, Melissa Wolf, Juvel Vielma, Daniel Rodríguez, Angélica Arteaga, Héctor Manrique y Juan Vicente Pérez que, con atinada soltura sobre la escena afirmaron que, con profesionalismo y unidad en lo que se deseaba hacer, el teatro será siempre algo imborrable en la memoria de todos.

                                                                 Carlos Herrera, 2 de Marzo de 2.013

 

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