De Interés

 

ENTREVISTA ARÍSTIDES VARGAS, DRAMATURGO

"El artista debe poder disentir"

"No debemos hacerle caso ni al Gobierno ni a la oposición, debemos mantener una voz libre " "El público también escribe, pero escribe la obra que necesita. El público es crónico; la obra es anacrónica"

Por Ángel Ricardo Gómez

De las cosas valiosas que quedan en el ambiente tras el Festival Internacional de Teatro de Caracas, están las ideas de Arístides Vargas. El argentino se exilió en Ecuador durante los años de la dictadura en su país, y creó el grupo Malayerba, uno de los más sólidos del continente. El exilio, para el autor, es una forma de vida que se manifiesta en su dramaturgia y en su vida toda. Cree que el artista debe tener la posibilidad de disentir, que su lugar no está ni del lado del Gobierno ni de la oposición de turno. ¡Ay de aquel que se convierta en "burócrata sensible" o se instale en la polarización. "Todo abuso (del Estado) se traduce en volver mediocre el contexto cultural de un país", "El Estado no puede invertir dinero únicamente en sus intereses", son algunas de sus ideas.

-Usted se ha convertido en uno de los dramaturgos más representados de América Latina. ¿Qué cree que hay en su obra que la hace tan universal?

-Yo escribo de una manera muy particular. Primero, yo no escribo desde una realidad tan real. Aunque esto lo pienso ahora, después de escribir durante algunos años y ver que mis obras se representan desde Argentina a Estados Unidos, en Inglaterra o España. Y pienso que es porque mis obras no tienen únicamente una raíz, quiero decir, que no son tan referenciales. Si vemos, por ejemplo, Nuestra señora de las nubes hecha por los mexicanos parece que es de ellos. Es una voz de América Latina, pero no sabemos de qué país. Es la voz que me creó el vivir en unos años traumáticos, que fueron los de la dictadura de los 70. Por otra parte, creo que yo insisto mucho en que no debemos hacerle caso ni al Gobierno ni a la oposición, debemos mantener una voz libre de ese estereotipo de la política, es decir, apoyar las cosas que son importantes y criticar las cosas que merecen ser criticadas.

-¿Y el público dónde queda? ¿Hay que hacerle caso?

-Yo siempre he dicho que el hecho teatral se basa en un equívoco: uno cree escribir una obra, los actores creen que están interpretando una obra que escribió el autor, y el público cree que está viendo la obra interpretada por unos actores y escrita por el autor, pero en realidad está viendo lo que él quiere ver. Es decir, el público también escribe, pero escribe la obra que necesita. El público es crónico; la obra es anacrónica. El público vive en un espacio definitivo, en un momento histórico definido; la obra, no necesariamente. Y es una gran riqueza porque entonces no nos tomamos tan en serio el teatro... Tampoco nos tomamos tan en serio la política.

-Hablando de política, se han registrado ataques del Ejecutivo ecuatoriano a ciertos medios de comunicación como El Universo ¿Hay tendencia a que esos ataques se viertan sobre el teatro por ciertos contenidos inconvenientes?

-El Estado tiene muchas maneras de coartar la posibilidad de desarrollo de un grupo, por ejemplo, que no te apoyen económicamente es una manera de censura. Hay muchas maneras de censurar y el Estado puede echar mano de muchos procedimientos si le viene en gana. Yo no creo que lo que está pasando con la prensa se haya trasladado al teatro o a la cultura en general.

-¿Y está el teatro reflejando esos ataques a la libertad de expresión?

-El teatro sigue diciendo lo que quiere. En Ecuador hay muchos mitos sobre esto. Lo cierto es que la prensa en Ecuador siempre dijo lo que quería y aún ahora lo sigue diciendo. Para mí, el problema es que eso se ha transformado en una estrategia política, es decir, es cierto que se necesita una Ley de Medios, pero una que sea democráticamente discutida por todos los actores de los medios de comunicación; no es la ley que dice el Gobierno que debe ser, pero tampoco es la ley que dicen los medios que debe ser. Cuando yo digo que se convierte todo en una estrategia política, es porque las medidas contra los medios se vuelven espectaculares. Hace cuatro o cinco años que estamos discutiendo lo mismo en el país, entonces uno comienza a sospechar. ¿No será que todo el tiempo están queriendo que nosotros hablemos de lo mismo? Creo que el Gobierno tiene cosas interesantes y buenas, en algunos ámbitos, y en otros, unas cosas nefastas. Hay una tendencia al "Estás conmigo o contra mí" y hay una tendencia a instalar esta especie de sectorización de la política. No podemos permitir eso.

-¿Le han propuesto desde el Estado hacer obras de ciertos personajes históricos?

-Hace algunas semanas me ofrecieron hablar sobre Manuela Sáenz. Y yo creo que eso lo puede hacer el Estado, que puede estar interesado en ciertos héroes y hay gente de teatro que puede estar interesada en hacer teatro histórico. El problema, cuando hablamos de falta de política teatral, es que esa es "una parte" del teatro, no es "todo" el teatro. No puede ser que todos los medios se los lleve este tipo de teatro. Cuando yo digo que hace falta una política, me refiero a esto.

-¿Y ocurre eso en Ecuador?

-Yo creo que se está caminando sobre el filo de eso. Si bien no ha ocurrido, porque yo creo que las obras históricas tampoco tienen mucho dinero, puede estar ocurriendo en breve. Yo creo que todo abuso se traduce en una limitación y en volver mediocre el contexto cultural de un país. El Estado no puede invertir dinero únicamente en sus intereses, no puede tampoco erigirse como la voz de toda la sociedad. La sociedad se compone de sectores y es justamente esta especie de complejidad de lo diverso lo que desde el Estado debe ser interpretado coherentemente.

-Se dice que ahora hay más democracia en Latinoamérica. ¿Usted cree que es así?

-Yo lo que creo es que hay más enunciado democrático y que hay que tomarle la palabra. Es decir, si Rafael Correa (presidente de Ecuador) dice: "Somos un país democrático", tenemos que tomarle la palabra. ¿Y en qué se basa la democracia? Desde la perspectiva artística, yo creo que se basa en el disenso, no en el consenso, es decir, el artista nunca debe transformarse en un colaborador del Estado, en un burócrata sensible. El artista debe tener siempre la posibilidad de disentir, eso es lo que hace que el arte tenga una trascendencia. El Estado, por supuesto, debe tener la vocación de escuchar a los que disienten.

-Su compatriota Juan Carlos Gené regresó a Argentina una vez que cesó la dictadura. ¿Por que usted no lo ha hecho?

-Los casos son diferentes. El exilio es una experiencia de la cual es muy difícil salir. No vuelves exactamente al lugar que dejaste; no vuelves exactamente cuando crees que has vuelto; entonces empiezas a habitar una territorialidad completamente desconocida. Empiezas a comprender que la vida es una sucesión de exilios nada más, que te exilia de tu infancia, de la juventud, de las ideas... y en esa continua huida te vas percatando de que el último exilio es el de Juan Carlos Gené, la muerte. Yo no vuelvo porque no estoy en condiciones de volver. Mucha gente me dice: "¿Pero cómo hiciste todo lo que hiciste en Ecuador?" Pude haber estado en Venezuela u otro lugar, te da exactamente lo mismo, por eso el exilio se transforma en un castigo terrible. Estás en ti. Tengo un mundo afectivo en Ecuador, en Argentina y en España, porque mi esposa es española, y como decía anteriormente, es un castigo brutal el exilio, pero, a la vez, te da la oportunidad de tener varios mundos afectivos, es como instalarte en los otros. Hay un poema que yo incluyo en Donde el viento hace buñuelos que dice: "Si tienes una patria y una bandera, vas a decir, 'He aquí mi patria y mi bandera'. Pero si no tienes ni una patria ni una bandera, ni inflamado pecho, ni donde caerte muerto, busca el calor de una persona y echa raíces en ella". Y a continuación dice: "No tengo patria ¡Qué joda! Pero tengo una amiga ¡Qué bueno!".

El Universal, 16 de marzo de 2012

 

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