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MEMORIA EMOTIVA

El Grupo Actoral 80 trae a la realidad venezolana la obra "Fresa y chocolate"

Por Juan Antonio González

 

La revolución
va por dentro


La de Fresa y chocolate es la historia de dos mundos opuestos, de dos maneras distintas de concebir la vida, con un solo telón de fondo: el de un Estado empecinado en hacer entrar por el mismo carril ideológico a sus habitantes, omitiendo en cada uno de ellos sus pulsiones más íntimas, sus intereses particulares, sus respectivas sensibilidades y hasta sus personales inquietudes y gustos.

Su origen está en el cuento de Senel Paz, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que el propio autor convirtió en guión cinematográfico e hizo llegar a principios de los 90 a Juan Carlos Tabío, quien fascinado por la relevancia de su historia, en medio de la peor crisis que viviera Cuba después del desmembramiento de la Unión Soviética, recurrió al director Tomás Gutiérrez Alea, "Titón", para poder llevarla a la pantalla grande con el apoyo oficial del Instituto Cubano de Artes y Ciencias Cinematográficas (Icaic).

La película se estrenó en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en 1993, y tras su proyección se convirtió en un fenómeno de repercusión internacional y -se supo después- en un sacudón a la conciencia de muchos cubanos que, puertas adentro de sus casas, entendieron que aquello del "hombre nuevo" era mucho más que una mentira; era un imposible del tamaño de un sistema político que aboga en lo social y lo humano por la homogeneización.

Uno de esos dos mundos lo representa David, heterosexual que forma parte de la Juventud Comunista y por cuyo dogmatismo no se pasea la idea de tener a un amigo homosexual como Diego, quien al principio lo aborda en la heladería Coppelia con la idea de llevárselo a la cama.

La relación entre ambos personajes, que ahora encarnan en el Teatro Trasnocho Daniel Rodríguez y Juan Vicente Pérez, en el montaje del Grupo Actoral 80 que dirige Héctor Manrique, va del interés, la desconfianza y la expiación a sentimientos más nobles y profundos como la solidaridad, la aceptación, el respeto y la amistad.

Si bien con Fresa y chocolate muchos cubanos se sintieron reivindicados, el propio actor Jorge Perugorría -que interpretó a Diego en el filme- admitió, con motivo de cumplirse 20 años del estreno de la cinta, que Cuba no ha llegado como sociedad a ese abrazo final de Diego y David, "esa reconciliación respetando las diferencias entre dos personas que piensan distinto pero que pueden convivir e incluso ser amigos". Hace ya 15 años, los venezolanos dejamos de abrazarnos como antes. He aquí el dolor que, entre risas, produce el magnífico montaje del GA80.

Fresa y chocolate, la pieza teatral actuada desde el convencimiento y llevada a escena con la convicción de que el arte está para mostrarnos nuestros errores como sociedad, tocará profundo a aquellos que la entiendan como un llamado a la tolerancia, a la convivencia en medio de las naturales diferencias entre unos y otros. Aquí, el qué es muchísimo más importante que el cómo. David y Diego dejaron de ser antillanos. Ahora son tan venezolanos como usted o como yo. La revolución va por dentro...

JUAN A. GONZÁLEZ| EL UNIVERSAL jueves 23 de enero de 2014  

 

 

 

 

 

 

 

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