De Interés

 

 

El idilio de Woody Allen en el teatro

Por INDIRA ROJAS

 

 

"¿Tienes alguna queja, algo que no me hayas dicho? ¿Crees que nos separaremos?", pregunta Judith a su marido, Gabriel. Ambos se preparan para dormir, pero no tendrán descanso. Ella se coloca la bata azul, él se abotona la camisa de su pijama de rayas y dice: "No, Judith, no creo que nos separemos. Oye.. esta noche estás un poco rara". Su esposa insiste en continuar el interrogatorio. "¿Todavía te atraigo?". Gabriel asiente y hace un esfuerzo por comprender qué sucede. "Parece que te ha afectado la separación de Sally y de Javier".

La ruptura sentimental, anunciada con una normalidad espeluznante a sus amigos, forma en Judith y Gabriel una grieta: la duda. Y con ella, conflictos entre nuevos deseos y su historia matrimonial.

Las relaciones personales y su complejidad quedan así expuestas en Maridos y esposas, adaptación teatral de la película homónima del cineasta estadounidense Woody Allen.

Dirigida por Héctor Manrique, la pieza es un copia al carbón de la realidad: sencilla pero dura. Si bien dos parejas casadas son las protagonistas de esta historia, Maridos y esposas no es nada sin ese amor que se apega a lo imposible, sin el enamorado ingenuo y romántico, que puede pecar por ciego; y sin esa atracción casi infantil que nace de la admiración de una muchacha por un hombre mayor, "símbolo de la juventud perdida y de sus sueños insatisfechos", como lo expresa Diana Díaz en su papel de Rain.

¿Qué mujer no pediría un esposo devoto?, ¿a qué chica no le provoca morbo un hombre masoquista, de los que quedan fascinados por las actitudes más locas y absurdas?, ¿qué hombre no se ha topado con una "pisa pasitos"?, ¿quién no ha sentido el amor-odio de una "cuaima"? Después de la discusión entre Judith, interpretada por Angélica Arteaga, y Gabriel, actuado por Juan Vicente Pérez; las interrogantes a lo largo de la obra se las hará el público a su memoria y a su conciencia. Total, "¿qué pareja no tiene problemas?", como dice el actor Daniel Rodríguez en la voz de Javier, durante el clímax de su dilema amoroso con su adorada Sally.

"Todos los que estemos sentados aquí, que ya tengamos alguna edad y que hayamos tenido novias o esposas, nos vamos a sentir identificados. Incluso quienes no los han tenido, porque nuestros padres, tíos y amigos han experimentado estos problemas. Todos hemos pasado por ahí. Es esa lucha demencial por ser felices", afirma el director del Grupo Actoral 80, que confiesa ser un seguidor de Allen desde su adolescencia. "He visto sus películas y comprado sus relatos. Es un autor que tiene esa benevolencia del humor que me gusta mucho".

Juan Vicente comenta que "el gusto por los amores inestables" de su personaje es una de las características que más disfruta, mientras que Angélica Arteaga sostiene que siente fascinación por los papeles femeninos de la pieza, "porque todas las mujeres presentamos algunos de sus rasgos en ocasiones".



Cine en escena

Aunque el montaje se basa en el guión del filme, Manrique aclara que no se trata de una reproducción del texto original. Además, estará musicalizado con una selección de jazz.

Las actrices Diana Díaz (Rain) y Betzabeth Contreras (Sam), y Wadih Hadaya (Miguel) no han visto la cinta, y, contrario a lo que se podría pensar, no están deseosos de ver a sus pares cinematográficos mientras se encuentre en las tablas la producción de la compañía GA80.

"Yo vi la película hace mucho tiempo. Quise reproducir un pedacito en YouTube, pero Internet no me dejó. Menos mal, preferí no verlo de nuevo", cuenta Daniel Rodríguez. Contreras le secunda, y agrega que tratar de imitar la cinta y sus actuaciones "sería aburrido".

Contar la historia como un falso documental, en el que incluso los personajes hablan frente a la cámara, fue uno de los recursos más aplaudidos de la película en 1992. En el teatro, esta forma particular de explorar la intimidad será muy similar, pues "el público será el confidente" de estas cavilaciones en voz alta.

El montaje tiene tres meses en producción, pero es un proyecto que Manrique ha guardado desde hace tiempo. "Es una espina que tenía, y que espero que continúe porque me gustaría montar otras cosas de él (Allen). Estuvimos buscando qué cosas hacer en el equipo, y veníamos hablando de esta posibilidad hace más de dos años. Hasta que decidimos hacerlo".

 

Caracas, El Universal, 9 de julio de 2.015.
 

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