De Interés

 

 

Otro matrimonio desgraciado

 

Por

Edgar Antonio Moreno Uribe

 

 

  Quienes aún no hayan visto a Melissa Wolf actuando, uno de los roles que bien hace esta bella artista, ganadora del XV Premio Marco Antonio Ettedgui, deben hacer sus agendas teatrales e incluir ahí al espectáculo El matrimonio de Bette y Boo, el cual es una controversial farsa sobre las vicisitudes existenciales de un matrimonio heterosexual, según la visión del dramaturgo Christopher Durang (New Jersey, USA,01.02.1949) y la correcta versión escénica del director Héctor Manrique, quien también actúa, la cual hace temporada en el Centro Cultural BOD Corp Banca de La Castellana.

Estrenada en el New York Shakespeare Festival (05.16.1985), es una farsa sobre la tradicional institución matrimonial, la cual, en medio de risas y sorpresas que no lo son tanto, le plasman al espectador lo que puede ser la vida familiar en un entorno disfuncional, pero que a pesar de tantas vicisitudes, como el divorcio, permanece unida y solo concluye con la muerte de algunos de sus miembros:a ella el cáncer se la come y èl se ahoga en el alcohol.

No hay que estar casado, ante la ley o los ritos eclesiásticos, para saber que las relaciones matrimoniales no son nada fácil ni descansan únicamente en las bondades sexuales o en los gustos o disgustos con las rutinas en la cocina o frente a la televisión. Son más complejas y muy difícilmente logran aislarse del contexto donde more o se desenvuelva la pareja…y si son homosexuales sus miembros, porque de todo hay en la Viña del Señor, las complejidades serán superlativas, salvo que vivan o se desempeñen en sociedades más abiertas y respetuosas de los derechos civiles de sus integrantes.

El autor, aventajado alumno molieresco, maneja el humor y la ironía para abordar las situaciones de Bette y Boo, en medio de una sociedad capitalista y exigente, ayudando así a digerir los profundos y desgarradores que pueden ser los errores cometidos en el transcurso de la vida matrimonial y familiar. Pero Durang no da recetas sino que muestra la fatalidad de una situación.

El mecanismo dramático, no tan novedoso de El matrimonio de Bette y Boo, está centrado en el alcoholismo de Boo Hudlocke (Jesús Cova) y la lenta desintegración de la paz familiar que eso origina, agravado además porque la pareja solo logra criar a un hijo por la muerte sucesiva durante el parto de los posteriores muchachitos. Aparece el divorcio y antes de la muerte de Bette (Melissa Wolf) hay recuento de lo bueno y lo malo que vivieron, para que ambos reconozcan sus fallas o desaciertos existenciales.

No es fácil “la digestión” de este espectáculo pesar de las profesionales performances de todo su elenco, por la crudeza de la pieza, la cual muestra a unos seres humanos desvalidos y condenados a la desgracia porque el sistema social no da mayores alternativas, salvo que el alcoholismo sea controlado y se aplique terapia psicológica para que la pareja recupere el tiempo perdido. Pieza cruel y brutal. Son millones los hogares destruidos por situaciones similares a las que plasma el autor Durang.

Esta pieza fue estrenada en Caracas durante la temporada de 1995 por el Grupo Actoral 80 con la dirección y la producción de Héctor Manrique y Carolina Rincón. Recibió los Premios Municipales a la Mejor Producción y al Mejor Actor de Reparto, de la temporada 1995.1996, para Alejo Felipe por su personaje de Karl Hudloche (padre de Boo).

En este nuevo montaje del Grupo Actoral 80, Bette Brennan es interpretada por Melissa Wolf, Margaret Brennan por Samantha Castillo, Paul Brennan por Juan Vicente Pérez, Emily Brennan por Martha Estrada (al igual que en el primer montaje), Joan Brennan por Iris Dubs (también del montaje original), Boo Hudlocke por Jesús Cova, Karl Hudlocke por Héctor Manrique, Switche Hudlocke por Omaira Abinadé (del montaje de 1995), el padre Donnally y el doctor por Jorge Canelón (también del primer elenco) y Matt por Wadih Hadaya. Es una muestra de la versatilidad actoral, de calidad, presente en el GA80.

La música original es de Jackie Screiberg y el solo de cello de William Molina. La asistencia de dirección es de Ana Alicia Pérez, la escenografía y el vestuario de Marcelo Pont-Vegés, la iluminación de José Jiménez y la producción de Carolina Rincón.

                                             Caracas 31 de marzo de 2.013 

 

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