ENTREVISTA LUIS ABREU, ACTOR

"He regresado para quedarme"

"A la cultura no hay necesidad de ponerle maracas en los pies, requiere de educación"

Por Ángel Ricardo Gómez

Luis Abreu tiene 64 años de vida y debutó en las tablas a los 16. De la operación resulta una trayectoria que se cuenta en décadas, pero principalmente en buenos trabajos en las tablas, el cine y la televisión. Si bien regresó a los escenarios venezolanos de la mano de Luis Alberto Lamata, quien lo reclutó para sus películas Miranda regresa (2007) y Taita Boves (2010), su retorno a las tablas se produce con Petroleros suicidas de Ibsen Martínez, bajo la dirección de Héctor Manrique y la producción general de Carolina Rincón.


El experimentado actor ha vivido por largos períodos fuera del país, el último, en Argentina, donde descubrió su pasión por la escritura, oficio que se tradujo en guiones de televisión y obras de teatro. Una de estas será montada en dos meses en Puerto Rico y la otra la escenificará junto a su hijo, Luis Gerónimo Abreu, en 2012.

"Me había cansado un poco de todo, quería establecer el compromiso y mis hijos me necesitaban", explica Abreu las razones que lo motivaron a volver a su país natal alrededor de 2005. "He regresado para quedarme... un rato más largo", dice, quien ha vivido en Puerto Rico y Europa.

"Tenía unos diez años que no hacía teatro y eso se siente como una eternidad. Extrañaba el encuentro con el público, la calidez de las tablas, los ensayos, la maravilla de entender un personaje, compartir con los demás actores, la angustia de cada función...", comenta, quien debutó con la telenovela Lucecita de Delia Fiallo. "Ha sido un reencuentro conmigo mismo, con la reserva de energía, con la técnica...".

Petroleros suicidas es una comedia de humor negro en la que se recuerdan aquellos días del paro de PDVSA de 2003, la supuesta ola de suicidios que se produjo tras el despido masivo, hecho que generó crisis matrimoniales como la planteada por el autor. "Mi personaje aparece todo el tiempo y tiene dos momentos importantes que detonan situaciones clave", dice.

En efecto, Abreu encarna a la "viveza criolla", al militar que llega a la gerencia de la seguridad de la principal empresa venezolana, con mediocridad, resentimiento y altas dosis de chantaje, en su receta personal.

El actor opina que el teatro venezolano actual está dividido entre uno muy complaciente y otro que urge y que comienza a escudriñar temas; a su juicio, Petroleros está justo en el medio de estas dos vertientes. "No es tímida y va a un tema que el autor domina... La obra está ambientada en el pasado pero es una denuncia de hoy".

Tiempos de polarización

Luis Abreu regresó al país justo con la primera producción de la Villa del Cine, tiempos de radicalización y politización general del discurso. Dice que no se ha sentido acorralado por la política, pero reconoce que el teatro, cine, televisión... sí lo están. "Siento que hay una necesidad de convertir el arte en aspereza, en transformar lo artístico en algo muy bajo, que no se parezca en nada a lo que esta extraña Revolución entiende como oligárquico y elitesco, cuando en realidad todo movimiento artístico es elitesco", comenta el histrión al tiempo que agrega: "A la cultura no hay necesidad de ponerle maracas en los pies, requiere de educación".

El actor de telenovelas como Una muchacha llamada Milagros, Rebeca y El pecado de una madre, considera que el país, si no ha retrocedido, está estancado. "Las reservas morales y estéticas comienzan a desaparecer, lo que vivimos está reñido con los adelantos, la tecnología, y pretende hacernos regresar al conuco, el truque, la moneda de la hacienda. Negamos la modernidad mientras inventamos cosas como sanear el río Guaire o construir un oleoducto de Venezuela a Argentina". Twitter: @argomezc