De Interés

 

No apta para petroleros

Por Marianna Párraga

Anoche no pude dormir. Pero no fue lo mismo que el fin de semana, cuando las deudas de pronto se infiltraron en mi dulce sueño. Ni tampoco como el martes, cuando el enloquecedor tráfico de Caracas me dejó un preocupante dolor en la parte baja de la espalda.

Esta vez no pude dormir pensando en que dirían mis amigos "los petroleros" -o copiándome una frase del actor Dimas González, mis amigos de la "industria propiamente dicha"- sobre la nueva obra de teatro de Ibsen Martínez, Petroleros Suicidas, que se estrenó el jueves en Corp Banca con un lleno indiscutible, brillantes actuaciones, diálogos para el recuerdo y el ojo certero de Héctor Manrique tras bastidores.

Después de varias horas de auto-psico-análisis nocturno, me di cuenta de que lo que realmente me preocupaba era determinar si yo sería capaz de invitar a alguno de mis amigos "los petroleros" a ver la obra.

Porque para mí misma, que no soy más que un Snoopy petrolero, una persona que circunda en plan de acosador a la industria sin haber hurgado antes ni un poquito en el subsuelo, las profundas heridas que dejó el paro ocurrido entre 2002 y 2003 como corolario de un año en que tuvimos desde protestas masivas hasta un golpe de Estado con vuelta al poder en menos de 48 horas, no han cicatrizado del todo.

De hecho, para llevar a algunos de mis amigos "los petroleros", de la cuarta o de la quinta, tendría que anticipar la visita al país de algunos de los miles que se fueron en la triste diáspora que sucedió al paro o contratar a un escuadrón de guardaespaldas para proteger no a los del "quinto piso" de La Campiña, como dicen en la obra, sino a otros muchos de otros pisos que hace rato ya se perdieron de los círculos que nos englobaban.

El cineasta Marcel Rasquin dijo anoche mismo que la obra de Ibsen es "maravillosamente incómoda". Lo es porque muestra a una industria petrolera en blanco y negro. Y los grises se seguirán llevando -yo creo que al menos por unos cuantos años más- como la procesión: por dentro.

Nadie va a querer verse retratado allí. Ni los potentados de esta, ni los prepotentes de la anterior, ni los acosadores de la industria como yo.

Y, sin embargo, anoche en mi soliloquio no me alcanzaron los dedos de las manos para contar a los seres que he conocido desde 2002, cuando me "tiraron" la fuente petrolera so pena de despido, que se reproducen al carbón en los cuatro personajes de la obra.

Ahora que lo pienso, no por petroleros se ajustan más a esos arquetipos.

 

Hyperconectados, 12 de agosto de 2011

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