Ibsen y el teatro

Por Alexis Márquez Rodríguez

Yo no sé si cuando los padres de Ibsen Martínez le pusieron ese nombre estaban conscientes de que con ello situaban al muchacho en la ruta del teatro. Algún aficionado a las artes esotéricas dirá que fue cosa del destino. Lo cierto es que, al parecer, es ahora cuando Ibsen ha descubierto que su verdadera vocación es el teatro, y que sólo los requerimientos vitales lo llevaron a otros campos, como el de la telenovela, que si bien algo tiene que ver con el arte teatral, no es teatro propiamente dicho.

Ibsen ha contado cómo, siempre dentro de las coincidencias y casualidades, se reencontró después de muchos años con Franklin Virgüez, es decir, con Eudomar Santos, y se acordaron para poner en las tablas una nueva obra del primero, "Como vaya viniendo...", escrita a partir de la memorable Por estas calles de los años 90 del siglo pasado. Y aunque esta nueva obra fue escrita con el deliberado propósito de refutar la peregrina tesis, harto repetida, deque aquella telenovela contribuyó poderosamente a la destitución de Carlos Andrés Pérez de la presidencia, la verdad es que el público percibe en "Como vaya viniendo..." más su descarnada crítica y denuncia de la actual realidad de nuestro país, tal como de la de aquel entonces Ibsen lo hizo en Por estas calles.

Quizás animado por el éxito de su obra, Ibsen nos ha dado una nueva pieza de teatro, Petroleros suicidas, que igualmente ha tenido ya un clamoroso éxito. Esta vez el dramaturgo se basó, con sentido satírico, en el paro petrolero que tuvo lugar dentro de la fallida huelga general del año 2002/2003, y en las consecuencias a que aquella dio origen. Pero de nuevo lo que pudo ser el propósito inicial de Ibsen con esta obra, dio paso a que el público capte más la severa y descarnada crítica que en ella hace de la grave situación que hoy de nuevo padecemos, particularmente de los hechos de corrupción que son su signo más notorio. De suerte que, aunque la obra parte de la PDVSA de aquel momento, el desarrollo natural de los acontecimientos la lleva a la PDVSA actual, símbolo y emblema vivo de la Venezuela contemporánea.

Esta nueva obra de Ibsen logra una síntesis realmente extraordinaria. Al talento del autor y ala sagacidad de su contenido se une la actuación de sus personajes. Una espectacular Fabiola Colmenares, en la cumbre indiscutible de su carrera artística, dicho sea sin detrimento de los tres actores que la acompañan, los veteranos Iván Tamayo, Luis Abreu y Dimas González, cadauno perfecto en su actuación, dirigidos impecablemente por otro veterano, el sabio Héctor Manrique. Una estupenda conjunción que no podía menos que asegurar el éxito de la obra.