De Interés

 

 

Chirinos y la sociedad de cómplices.

A propósito de "Sangre en el diván"

Por

Ángel Ricardo Gómez

 

 

Se equivocó Edmundo Chirinos. Sí hay algo después de la muerte. Científicamente puede que no, pero nuestras obras buenas o malas siguen hablando de lo que fuimos, de lo que pensamos, de lo que hicimos y omitimos. Sangre en el diván, monólogo basado en el libro homónimo, escrito por Ibéyice Pacheco, se crece en el cuerpo, espíritu y voz de Héctor Manrique.

 

De aquel ensayo general de la primera temporada en el Centro Cultural BOD queda poco. La pieza ha tomado vida propia. La piel se eriza al ver a Manrique transformado en aquel psiquiatra de gestos ambiguos y acento forzadamente refinado que como un encantador de serpientes –o una serpiente—, se fue escurriendo en la vida pública nacional.

 

“Hablemos de mí”. Repite una y otra vez. Y luego de cada palabra y cada gesto, se afianza la convicción de que ese hombre cometió el crimen. El público podrá experimentar lo que debió sentir la periodista al entrevistar a ese reputado doctor cuya megalomanía lo iba hundiendo en una maraña de contradicciones.

 

Sí, Chirinos se creía superior, invencible, pero cayó como cualquier otro pendejo. Es así, al final todos caen. Ciertamente, pudo haber estado con los personajes más importantes y poderosos, pudieron haber pasado las más guapas mujeres por su lecho, pero es la que menos le gustaba a él, la más joven, la que consideraba “gorda” y “débil”, la que lo deja desnudo, tal como está el actor al principio y final de la puesta.

 

Sangre en el diván habla del país que fuimos, el que somos y del que seguiremos siendo. Muchos Chirinos pululan en la vida pública nacional pensando que la verdad nunca saldrá a flote, que serán eternamente intocables.

 

El monólogo deja al descubierto no solo a un personaje, sino a toda una sociedad que lo aplaudió, votó por él, dejó que representara a muchos y hasta guardó silencio. Eso es, fuimos y somos una sociedad de cómplices. “Sapo”, le dice el buhonero que revende productos regulados al ciudadano que denuncia ante un canal internacional. “Cállate y deja robar”, le exige el ejecutivo que se está metiendo una “boloña” en el “guiso” del año. “Déjalo quieto, que a él lo puso el jefe ahí”…

 

Es urgente acercarse a este monólogo que coloca a Héctor Manrique en una categoría superior dentro del gremio de los actores del país.

 

Le queda a Sangre en el diván este fin de semana en el Centro Cultural Chacao y tiene funciones el lunes y martes de Carnaval. No dejen de verla.

Ángel Ricardo Gómez,  7 de febrero d 2.015.

 

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