De Interés

 

 

"Sangre en el diván"

o el lado oscuro de un país

Por

Ángel Ricardo Gómez

 

"Nací en Churuguara, estado Falcón. Un pueblo como el oeste americano en el que tú no podías embarazar a una chica, ni tener relación con una mujer, si no estabas casado con ella". Edmundo Chirinos revive en el escenario para mostrar el lado más oscuro y siniestro de una sociedad. Héctor Manrique está transformado en el psiquiatra que cuenta sobre su inteligencia, sobre sus dotes para el sexo, sobre su ego desbordado... Y cómo detrás del constante, "No hay pruebas en mi contra", está la prueba más contundente: el hombre en sus contradicciones y alucinaciones.

Sangre en el diván es la adaptación del capítulo "El delirio" del libro homónimo, escrito por Ibéyice Pacheco. Allí está un personaje que llegó a escalar las posiciones más importantes de la sociedad venezolana escondiendo un negro secreto: tras la muerte de la joven Roxana Vargas, fue acusado de abusar de esta paciente sedada, y luego de asesinarla.

Manrique se plantea a un personaje en la soledad de un espacio cuadriculado, racional, donde a la vez se muestra un ser irracional, onírico, casi salvaje, como el cráneo con el que juega emulando al Hamlet de Shakespeare. Un juego teatral hace que el personaje esté en su diván y poco a poco se vaya vistiendo, al tiempo que dramatúrgicamente se recorre el camino inverso, se va desnudando espiritualmente ante el público, una suerte de confidente, voyeur, ¿juez?

La confesión del doctor Chirinos hace que suceda en escena lo que va contando. Así, la iluminación se hace cálida en algún momento y aparece el jazz que escuchó en Nueva York, y en otro instante suena un bolero de Felipe Pirela.

El actor, quien se enfrenta por primera vez al monólogo, lo tiene casi listo, muestra algunos tics, va del ser seductor, enigmático, mitómano y megalómano, al monstruo que va perdiendo el control, que ya no puede seguir escondiéndose. Se extraña al Chirinos que se peinaba compulsivamente el cabello con la mano y algo más de silencios para ver lo que revela y esconde la gestualidad y para descansar de un delirio de más de una hora en escena.

No obstante, Héctor Manrique ha dicho que no quiere hablar específicamente de Chirinos, que no imita sino que interpreta, que su ambición es mayor... "El monólogo no está hecho para los que conocieron a Chirinos, sino para cualquier persona. A mí me gustaría montar este espectáculo fuera del país no para hablar de una persona en particular sino para hablar de una sociedad podrida".

Sangre en el diván estrena mañana en el BOD de La Castellana. Funciones: viernes, a las 8:00 pm, sábados y domingos, a las 6:00 pm.

 

Ángel Gómez, El Universal, Caracas 6 de Octubre de 2.014.

 

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