De Interés

 

 

A propósito de ¨Sangre en el Diván¨

Por Jesús Santana

 

Antes que nada deseo agradecer a Ana Alicia por las invitaciones para poder disfrutar del estreno de “Sangre en el Diván” el pasado día viernes y el grato detalle de agradecimiento dentro del programa de mano de la obra.

Son muchos los crímenes que enlutan cada semana en nuestro país pero no son muchos los casos criminales con grandes nombres de por medio que hayan marcado la historia venezolana de los últimos 50 años, es fácil recordar el caso del padre Biaggi en el año 1961, el caso de el niño Vegas en 1973, el espantoso caso de Linda Loaiza a manos de “el monstruo de los Palos Grandes” Luis Antonio Carrera Almoina y mas reciente el caso de Edmundo Chirinos.

¿Por qué se recuerda tanto y afecta la vibra del venezolano un caso como el de Edmundo Chirinos? La respuesta es muy simple Edmundo Chirinos era una persona muy pública con vínculos importantes dentro de la intelectualidad, los médicos y los políticos del país, psiquiatra de presidentes y personajes muy conocidos por todos, ex - rector de la UCV famoso por su frase “la generación boba” y un inolvidable conflicto en la universidad, ex candidato presidencial entre tantas otras cosas. No se puede negar la inteligencia de este hombre, todas las personas que lo conocieron cercanas a mi no dudan en contarme que era un hombre brillante y encantador, muy inteligente, totalmente seductor con las mujeres y con un gran toque para la manipulación y todo tipo de polémica. Su final es morir anciano y solo, encarcelado en su casa entre sus delirios de megalómano luego del terrible asesinato de Roxana Vargas y el abuso sexual de mas de una decena de sus pacientes. Lo que resalta mas haciendo tan peligroso y doloroso este caso es que la gente que rodeaba a este psiquiatra tan “respetable” dentro de la sociedad venezolana, sus amigos y colegas cercanos jamás dijeron nada públicamente ante sus delirios de grandeza, ni se atrevieron a bajarlo de ese pedestal en el que ellos mismo terminaron ayudándolo a escalar, pareciera que decidieron taparse los ojos y terminar siendo cómplices de lo que veían y no se atrevían a comentar.

El caso Chirinos hay que mostrarlo, hay que hablarlo y contarlo a pesar de todo el dolor que ha causado a familias enlutadas, porque como dijo Nietzsche sobre los monstruos y que pareciera que como sociedad es nuestra obligación luchar contra estos ya que cuando miremos el abismo debemos intentar de que no nos vea y nos termine hundiendo con el.

Es entonces que el Grupo Actoral Ochenta de la mano de el gran actor Héctor Manrique y con la producción de Ana Alicia Pérez se atreven a contar sobre las tablas del Centro Cultural B.O.D. esta historia basándose en el libro de la periodista Ibeyise Pacheco “Sangre en el Diván” y en especial en el capítulo “El delirio” con la obra “El extraordinario delirio del Doctor Chirinos – Sangre en el Diván”, un impactante monologo donde Manrique se transforma en el Dr. Chirinos y nos lo presenta en ropa interior susurrando y diciendo repetidamente “Yo estoy bien…” mientras va entrando en el personaje megalómano, narcisista y detestable que todos conocieron como Edmundo Chirinos y que la sociedad que lo rodeaba jamás alertó sobre los peligros de este ser humano. La escenografía es contundente, asfixiante y limpia, nos mete en una caja que simula un manicomio o un psiquiátrico con un cráneo y una pequeña nevera mientras el gran Manrique entre uno que otro trago y fotografías de mujeres desvaría entre los delirios del psiquiatra Edmundo Chirinos, en lo personal me mueve mucho el momento en que Manrique luego de ir vistiendo poco a poco el personaje finalmente se coloca la bata de medico, es ahí donde realmente ya uno ve al monstruo que fue Edmundo Chirinos. La actuación es como siempre nos acostumbra este estupendo actor de gran altura donde el personaje cobra vida y lo vemos, lo sentimos presente frente a nosotros, Manrique no juzga al personaje ni lo muestra como alguien banal todo lo contrario lo muestra como un ser humano como cualquier otro como cualquiera que nos rodea y no sabemos realmente nunca lo que lleva por dentro terminando riéndonos de sus locuras o comentarios tan fuera de lugar. El nivel de producción es de lo mejor que he visto este año, el juego de luces ayuda junto con la música a visitar con mas profundidad la delirante mente de este personaje.

¿Es un caso doloroso y no se debe hacer una obra así? Son preguntas que ya he visto y discrepo por completo de ellas; todo lo contrario es obligatorio como sociedad que se haga esto y que se haga mas seguido porque es una manera de prender alertas y mostrar los monstruos que nos rodean bajo un manto de normalidad. Robert K. Ressler fue un agente especial del FBI, criminólogo, creador de la Unidad de Ciencias de la Conducta en USA y uno de los que ha tenido que entrevistarse con asesinos en serie como Jeffrey Dahmer, Edmund Kemper, David Berkowitz, Ted Bundy y John Wayne Gacy estos dos últimos mantienen una pequeña similitud en la manera que se comportaron dentro de su entorno mintiendo y mostrándose como personas normales y muy educadas ganándose la confianza de todos como lo hizo Chirinos en la sociedad venezolana. Para alguien como Ressler es muy importante y necesario que se muestre la manera en que los psicópatas y megalómanos pueden encontrarse entre nosotros mostrándose como gente valiosa o inofensiva mientras por dentro son personas que pueden convertirse en un depredador, para Ressler es necesario que la sociedad aprenda y active un sexto sentido ante este tipo de personas.

Recomiendo la visita a esta obra de teatro que se hace para mover al espectador, una obra de alta producción y un trabajo impresionante del actor Héctor Manrique que trae a la vida a un personaje que marca la historia de los crímenes en Venezuela, sin lugar a dudas demuestra la intensidad y la pasión a la que nos tiene acostumbrados Manrique en cada una de sus obras.

El lugar es el Centro Cultural B.O.D. los viernes a las 8:00 pm y los sábados y domingos a las 6:00 pm.

 

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