De Interés

 

 

El teatro como motor para una nueva generación 

Por Wilfrido Sierra

 

Al entrar en la sala del Teatro Chacao, uno se siente con una tensa calma, te roba el foco la escenografía, impacta desde el primer momento.  Como espectador me preguntaba como seria la iluminación, ya que la escenografía condenaba la parte superior donde están las parrillas de la sala teatral. 

Comienza la obra y vemos al primer actor Héctor Manrique entrar a escena susurrando ¡¡Estoy bien, yo sé que estoy muy bien!!, y se sienta en el diván como cual personaje, Edmundo Chirinos.

Es impresionante el maquillaje y la personificación que hace dicho actor, el gesto, la voz y la energía necesaria para asumir tan sombrío papel. La puesta en escena estuvo muy acertada, a pesar de no ser estrafalaria, había momentos que te llevaban a distintos lugares y atmósferas particulares. Una dirección muy arriesgada, una actuación súper complicada y la osadía de romper la cuarta pared hacen de este trabajo algo maravilloso.

La iluminación funcionó muy bien para lo que se quería recrear, ya que se usaron buenos focos para determinados momentos, y colores cuando fue necesario, una variación del blanco en diferentes direcciones. La escenografía estaba bastante armónica, había un equilibrio entre   la utilería, la escenografía  y el color, donde predomino el blanco del consultorio, amplitud y frescura. Qué decir de la selección  musical, simplemente maravillosa. 

No es fácil mantener al público cautivo y deleitado con un monólogo por más de una hora y cuarto, pero en este caso funcionó a lo grande y las expresiones pasaban del asombro, la risa, risa nerviosa, indignación, repugnancia y hasta agrado por aquel personaje que te paseaba por diferentes emociones; ya que el actor mostro las diferentes facetas de aquel Edmundo. En momento te agradaba, en otros no mucho por los juicios que cada quien tiene y el sufrimiento que le causo a su alrededor.

Una actuación impecable, me recordó aquel teatro que uno veía en aquellos grandes festivales internacionales de teatro, donde había calidad en todos los sentidos, donde uno salía de cada función con ganas de seguir viendo más y aprendiendo más de aquello subliminar, esos festivales que inspiraron a mi generación a creer y apostar por hacer del teatro su modo de vida. Más que ver una obra de teatro fue un alimento para el alma y la calidad sobre los escenarios. Gracias Héctor, por demostrarnos que a pesar de las adversidades aún se puede hacer buen teatro, espectáculos de calidad. También es aplaudible y admirable hacer una función para los estudiantes, esa generación que viene con los sueños y las ilusiones que uno alguna vez tuvo, que aún sigue teniendo y que son estos trabajos el motor para seguir adelante.

 

Wilfrido Sierra, Director y Productor Teatral, Caracas, 10 de Febrero de 2015

 

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