De Interés

 

 

“TERROR”

por

Richard Rey.

 

Justamente después de pasar un “terrorífico” mes de julio, en cama y con la pierna en alto por un problema circulatorio, mi deseo de volver a salir y ver una buena obra de teatro era feroz. Lo que me llevó a seleccionar alguna, entre la (afortunadamente) vasta oferta cultural capitalina. Además era la primera nota que escribiría luego de un tiempo apartado de esta página y quería irme por lo seguro para evitarme un mal rato, pues debo confesar que tengo mis artistas, directores y grupos “comodines”, que muy rara vez me dejan en la estacada y con las tablas en la cabeza.Uno de esos grupos comodines es el Grupo Actoral 80 o GA80, como siempre lo he recordado desde sus inicios, justo a principios de esa década, en aquel pequeño espacio en Parque Central y de la mano del maestro Juan Carlos Gené y Verónica Oddó.

De esa agrupación surgieron nombres como Gladys Prince, Iván Tamayo, Basilio Álvarez, su eterna productora Carolina Rincón y su actual director Héctor Manrique, entre muchísimos otros.
La primera obra que pude ver de este grupo fue casi una década después de su fundación, se trataba del texto de don Arturo Uslar Pietri “La Pluma del Arcángel”. Desde entonces títulos como: “El matrimonio de Bette y Boo”, “Esperando a Godot”, “ART”, “La cena de los idiotas”, “Final de Partida”, “Al pie del Támesis”, “El Día que me quieras”, “Baraka”, “Fresa y Chocolate”, “El Americano Ilustrado”, “Sangre en el Diván” pertenecen a una pequeña selección de su amplio repertorio.

Ahora bien. El problema con los comodines es justamente que llegue el momento de la decepción.
Pero tranquilos, queridos lectores, no fue este el caso, aún.

“Terror” es una pieza, que gracias a las excelentes interpretaciones de su elenco y la muy acertada puesta en escena de Héctor Manrique, amén de un texto sumamente inteligente; logra captar la atención del espectador desde el primer segundo en que se abre el telón.

La pieza tiene la autoría del escritor y abogado alemán Ferdinand Von Schirach (Munich, 1964) y nos ubica en una sala tribunalicia donde se llevará a cabo el juicio al Mayor Lars Koch (Daniel Rodríguez) acusado por derribar un avión secuestrado por un terrorista, con 164 personas a bordo, que amenazaba estrellarse contra un estadio de fútbol con 70.000 personas.
El Mayor es defendido por el abogado Biegler (Sócrates Serrano) y demandado por Franziska Meiser (Martha Estrada), esposa de una de las víctimas y representada por la Fiscal Nelson (María Cristina Lozada). Durante el juicio se interrogaran a las partes en querella, se escuchará la declaración del testigo Christian Lauterbach (Juan Vicente Pérez) ante la presencia del Alguacil y la Secretaria (Eduardo Pinto y María José Castro), todo ello bajo la tutela y supervisión del Juez de la causa (Héctor Manrique).

Pero, sin duda, el gancho principal de la obra radica en El Jurado, que finalmente es quien decidirá si absolver o condenar al acusado. Ese jurado está compuesto por todo el público asistente en la sala.
Desde el instante en que se abren las puertas del teatro, ya los asistentes somos instruidos de ello, lo que hace que nos convirtamos en personajes, sin voz pero con voto, que decidiremos el final.

Ahora bien, más allá de todo esto, Terror, nos confronta con el concepto de “justicia”. Y lo hace de una manera tan inclemente, como inteligente. Con argumentos contundentes, con un manejo de vocabulario ad hoc a la situación y que, por obvias razones, el autor domina a la perfección; que logra llevarnos a reflexionar, a sentir empatía con los personajes de ambas partes, para luego contradecirnos y hacernos cuestionar conceptos que creíamos muy claros.
Todo ello con un ritmo trepidante que consigue por momentos que nos abstraigamos del hecho teatral de tal manera que algunas escenas merecedoras de aplausos (dentro de un montaje convencional) obtienen silencios absolutos ya que nadie se atreve a interrumpir la sesión, pues llegamos a sentirnos verdaderamente dentro de una corte judicial donde tendremos que enfrentarnos a nosotros mismos y tomar la decisión final.

Y qué duda cabe de que pocos momentos en la vida nos hacen sentir tanto “terror”, como el de tomar decisiones definitivas.
Por ello, Terror, es una magistral clase obligatoria de sociología a la que todos debemos asistir. Sobre todo en estos tiempos convulsos con una sociedad donde pareciera que el convivir con el terror es algo que se ha vuelto de lo más común y corriente.

Richard Rey.

 

 

 

 

 

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