Críticas

Risas y llantos de varones

Por Alfonso Molina

Cuatro hombres de distintas edades regresan y pasean sus angustias, esperanzas y afectos en la misma sala Anna Julia Rojas del Ateneo de Caracas donde hace 14 años se estrenó Todos los hombres son mortales, pieza emblemática de Fausto Verdial que forma parte de un díptico que se completa con ¡Y… las mujeres también! Dos obras integradas desde una concepción del manejo del personaje y sus motivaciones. La obra masculina dio de hablar en su momento y hoy vuelve a provocar la risa y la reflexión con el nuevo montaje de Héctor Manrique, discípulo y amigo de esta figura clave del teatro venezolano del siglo pasado. Juan Manuel Montesinos, Carlos Cruz, Héctor Palma y el propio Manrique son los protagonistas de cuatro historias entrelazadas que desnudan sus depresiones y sus esperanzas.

¿Qué diferencia este montaje del primero? La verdad es que lo encuentro muy similar, como si Manrique hubiese optado por un homenaje directo al maestro. Creo que salió bien parado de la lid. Atrapó y expresó la médula dramática de un texto que bien conoce, pues en el primer montaje interpretó el personaje de Vicente, que ahora ejecuta Héctor Palma. Manrique conoce muy bien tanto a la pieza como a su autor. Todos los hombres son mortales revisa la relación de pareja a través de las visiones "diferentes pero iguales" de tres hombres adultos —que han vivido las experiencias del matrimonio y la separación— contrastadas con la perspectiva de uno más joven, que mantiene intacto su optimismo sobre el amor.

Los tres primeros han mantenido vínculos desiguales con sus respectivas mujeres y arrojan huellas de sus cicatrices. Juan (Montesinos) está enamorado de una muchacha a quien dobla en edad. Vive su propia fantasía sin resguardarse de un desengaño y trata de rejuvenecrese a través de la ropa… pero los años no perdonan. Fernando (Cruz) representa al machista clásico que se niega a crecer emocionalmente. Tiene una novia que desea casarse —pero él no quiere perder su "libertad"— hasta que un fin de semana la chica desaparece, lo cual significa que ella lo dejó por un hombre más comprensivo. Renato está separado de su esposa y vive una situación encuentros y desencuentros con ella. En una de esos "encuentros" la embaraza, lo cual le genera mucha incertidumbre. Vicente —que no llega a los 30 años— disfruta con su novia, sin rollos, mirando al futuro, soñando con casarse. Dos generaciones, dos posturas.

Se dice que lo opuesto del amor —en la relación de pareja— no es el odio sino el miedo. Al fracaso, a la soledad, a la incomprensión, al desamor, a lo que sea. Tres de estos cuatro hombres —los mayores— exponen sus miedos de forma patética, aparentemente distintos pero dramáticamente similares. El otro hombre —el joven— simplemente habla de su amor, sin miedo alguno. Son personajes masculinos confesándose con sus pares, lo cual revela —de paso— la parte femenina que todos los hombres tenemos. Ese apartamento que estos caballeros comparten —por razones del libreto— es una suerte de consultorio sentimental donde se expresas las risas y los llantos de los varones. Cuando vi por primera vez Todos los hombres son mortales —por allá en 1994— confirmé la extrema sensibilidad de Fausto para comprender las emociones y las necesidades afectivas y su extraordinaria capacidad para comunicarlas a través del texto teatral.

La puesta en escena y la producción se desarrollan de una manera armoniosa. Muy fiel al teatro de Fausto, la dirección prioriza personajes y emociones sobre recursos narrativos. Espacio e iluminación se subordinan a las angustias de estos tres hombres y a la esperanza del más joven. Ellos son el centro de la obra. Y ellos obtienen el trabajo interpretativo de tres actores de trayectoria y experiencia —Juan Manuel Montesinos, Carlos Cruz y Héctor Manrique— y de un actor más joven —Héctor Palma— que a cada rato demuestra su talento, sobre todo en cine, cuando se le ocurre escribir, dirigir e interpretar Ni tan largos ni tan cortos, una de las películas venezolanas que más me han gustados en los últimos tiempos.
En una próxima entrega les hablaré de ¡Y… las mujeres también!

TODOS LOS HOMBRES SON MORTALES, de Fausto Verdial. Grupo Teatral de Caracas y Grupo Actoral 80. Dirección: Héctor Manrique. Producción general: Carolina Rincón. Pintura escénica: Jesús Barrios. Iluminación: José Jiménez. Espacio escénico: Héctor Manrique. Vestuario: Eva Ivanyi. Elenco: Carlos Cruz, Juan Manuel Montesinos, Héctor Palma y Héctor Manrique. Sala Anna Julia Rojas del Ateneo de Caracas.

27 de febrero de 2008.

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