De Interés

 

"Una lluvia constante"

Danny y Joel trasmiten el drama de unos personajes que llaman a reflexionar sobre la justicia

Por Alberto Arteaga Sánchez

Iván Tamayo y Héctor Manrique le han dado vida, en las tablas, a los personajes Danny y Joel, de la obra "Una lluvia constante", de Keith Huff.

Realmente, se trata de una pieza impactante, de impecable montaje e interpretación, que pone el dedo en la llaga de un drama que toca un problema de todos los tiempos, como lo es la justicia y las desviaciones de uno de los pilares en la que ésta se encarna como lo es la policía.

Los protagonistas de la obra nos trasmiten su experiencia de vida, sus sentimientos, sus pasiones, sus vicios y sus miserias en el plano de su relación personal, de su amistad, de su familia y de su comportamiento como guardianes del orden, convertidos en auténticos transgresores.

El policía es una pieza fundamental en el funcionamiento del sistema de justicia y por ser el primero que se enfrenta al mal del delito y toma contacto con sus autores y su mundo, corre el grave riesgo de contaminarse, de copiar las fórmulas de los que persigue y, en definitiva, de vivir en la línea franca de la conducta desviada.

Con razón, la sabiduría popular nos dice que hay que tomar precauciones ante los funcionarios policiales, llegándose al extremo de que alguien crea que pueden ser más peligrosos que los propios delincuentes.

Se ha dicho también que en una sociedad organizada las funciones mejor retribuidas deben ser la de los maestros, los jueces y los policías. Sin duda alguna, quien enseña, se convierte en paradigma o modelo para sus alumnos; quien juzga, debe cuidarse de no ser juzgado; y quien está encargado de preservar el orden, no puede ser el que fomente el desorden o el caos. Pero, además, quienes desempeñan estas funciones deben tener el reconocimiento de la colectividad cuando cumplen cabalmente sus tareas y deben ser duramente recriminados y sancionados cuando traicionan su misión.

En Venezuela, en particular, el sistema de justicia, del cual forma parte la organización policial, se ha encontrado expuesto, en estos tiempos, a la dura prueba de enfrentar la confesión de quienes forman parte del entramado judicial y han revelado, ante los ojos atónitos de la colectividad, hechos de extrema gravedad, cuya verdad debería investigarse pero que, en todo caso, cuestionan el sistema en su totalidad y siembran en el ciudadano común la desconfianza en sus modelos o guías en la búsqueda del valor de la justicia. De allí, la imperiosa necesidad de estar vigilantes y de velar por el adecuado funcionamiento de los cuerpos policiales.

Danny y Joel, en el brillo de la lluvia constante, nos trasmiten, con toda su fuerza interpretativa, el drama y la tragedia de unos personajes que, en la vorágine de sus contradicciones y pasiones, nos colocan ante una realidad que debe llamarnos a serias reflexiones sobre la justicia y sus defensores o garantes y que debe movernos a luchar por el saneamiento de instituciones vitales para la colectividad, lo cual debe expresarse en la sanción oportuna para los transgresores de la ley y en el estímulo eficaz a los funcionarios honestos que consagran su vida a la lucha por la seguridad de todos.

aas@arteagasanchez.com
 

El Universal, 6 de junio de 2012

 

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