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HOMENAJE A JUAN CARLOS GENE EN EL CICLO “UN BUEN GUION PARA UNA BUENA TELEVISION”

“Juan se había recibido de persona”

Federico Luppi, Roberto “Tito” Cossa y Pepe Soriano compartieron vivencias y sentimientos acerca del actor, director, dramaturgo y guionista fallecido este año. En el acto realizado en Argentores hubo muchos recuerdos para el ciclo televisivo Cosa juzgada.

Por Hilda Cabrera

El homenaje al actor, director, dramaturgo y guionista Juan Carlos Gené (1928-2012) comenzó y finalizó con referencias a Cosa juzgada. Así debía ser, pues el acto, realizado en Argentores, cerraba la 5º temporada del ciclo “Un buen guión para una buena televisión”, y aquel programa dirigido por David Stivel es valorado entre los mejores por sus características y la calidad de un elenco y un equipo que superó limitaciones. Algunas de éstas fueron mencionadas, a través de un video, por Gené, autor de casi ochenta guiones de los noventa y seis capítulos emitidos por Canal 11, entre 1969 y 1971. Su inclusión en esta 5º temporada del ciclo, que ideó y coordina Adriana Schottlender para la institución que preside el dramaturgo Roberto “Tito” Cossa, motivó la participación de quienes compartieron etapas de la vida de un artista que se multiplicó creando para el teatro (Ulf, Memorial del cordero asesinado y El sueño y la vigilia, entre otras obras y dramaturgias); el cine, tanto como actor (Los hijos de Fierro, Tute cabrero, Quebracho) y guionista (La Raulito y Gracias por el fuego), y la TV (Hamlet, Alta comedia).

En el pequeño escenario del auditorio de Pacheco de Melo y Callao, los actores Pepe Soriano y Federico Luppi relataron, junto a Cossa, algunas experiencias a una platea compuesta de colaboradores, amigos y familiares del artista, como Hernán y Paula Gené y la productora Valeria Satas; el director Francisco Javier, el actor y director Román Caracciolo, el dramaturgo Carlos Gorostiza y Teresa Escalante; la actriz Alicia Berdaxagar, Alejo Stivel (hijo de David) y Tati Almeyda. La ausencia de la actriz y bailarina chilena Verónica Oddó, compañera de Gené en los últimos años, se debía a un viaje a Chile, y la de Carlos Ianni, director del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, que Gené presidía, a un traslado a España.

Si bien la conjunción arte y política no le fue ajena (“Uno no puede dejar de expresar lo que es ni lo que piensa del mundo”, decía Gené a esta cronista en el estreno de Factor H. Williams Hnos. S.A.), Cossa, Soriano y Luppi optaron por rescatar a la persona y sus creaciones. Se mantenía el recuerdo de su acción batalladora en la Asociación Argentina de Actores, que presidió y donde fue secretario, la dirección de Canal 7 (convocado en 1973) y el Teatro San Martín (desde 1994 hasta 1996).

Cosa juzgada tiene categoría de mito, como definía Gené en el video de Eloísa Tarruela, donde se mostraron fotografías sobre ese “mito”, pues, como aclaró el mismo actor, “la dictadura borró todo”. Es también este artista el que se refirió a los inicios del programa, la relación con Soriano, el apoyo de Mauricio Farberman, entonces director artístico de Canal 11, y el rol de la escritora Martha Mercader, quien, cada semana, les acercaba diez casos judiciales resueltos y cerrados. También en video se pudo ver y oír al fallecido actor Walter Santa Ana, protagonista de La última cinta de Krapp, de Samuel Beckett, una de las puestas finales de Gené.

“Todo empieza por el autor”, apuntó Cossa, quien se refirió, en el tramo personal, a la actuación de Gené en sus obras Nuestro fin de semana (1964) y Los días de Julián Bisbal (1966), a cuyo protagonista lo imaginó flaco. Eso no se reprodujo en la realidad. El actor ya la había ensayado con sus alumnos del Teatro de la Universidad de Buenos Aires y actores invitados, entre los que se hallaba Federico Luppi. “Cuando me lo presentaron, vi a un gordo y me desilusioné, pero trabajó tan bien que después no podía ver esta obra si el protagonista no era gordo.” A ese recuerdo, el dramaturgo sumó otros y el deseo, no cumplido, de que hubiera protagonizado Cuestión de principios: “Quería cerrar mi repertorio con Juan, pero hubo problemas. El era un ser entrañable”.

Conmovido, Pepe Soriano relató episodios que los relacionaban desde los años ’50. Memoró aquellas primeras obras (La profesión de la señora Warren, de George Bernard Shaw, y El señor Puntila y su criado Matti, de Bertolt Brecht), a sus directores (Carlos Gandolfo y Oscar Ferrigno) y a los integrantes de los elencos (Norma Aleandro, Osvaldo Dragún, Andrés Lizarraga, Cipe Lincovsky). “Eramos treinta o cuarenta actores. Ensayamos un año las dos obras y nunca estrenamos. No teníamos un mango, pero bueno, tomábamos vino y hablábamos de teatro.” Transmitió la anécdota en que, respondiendo a la propuesta de Gené de poner orden al trabajo, se le escapó un “cómo rompe este gordo”. “El había aprendido muchas más cosas que yo, y me miró asombrado. Nos reímos muchísimo... Desde entonces hasta su muerte fuimos, para mí, hermanos.” Se refirió también a otras circunstancias y trabajos, y a que estuvo a punto de concretar una futura obra de Gené sobre Bailoretto. De otras, muy anteriores, sí pudo ocuparse, de El inglés , que estrenaron en Córdoba; Memorias bajo la mesa, en Mendoza, y El loro calabrés, en Rosario. De Memorias... Soriano dramatizó leyendo el tercer monólogo: “Mi madre lo decía siempre, cuando el puchero da su primer hervor sube una espuma sucia. Es toda la basura que tiene que salir. Hay que recogerla bien con la espumadera y tirarla. Así son estos tiempos... Y aquellos eran tiempos de mucha basura. Tiempo de valijeros...”

Federico Luppi comenzó narrando el tiempo en que para el grupo de actores que integraba, el método del teórico ruso Konstantin Stanislavsky era la Biblia, y recordó la impresión que le causó el trabajo que hacía por entonces Gené en el Teatro Universitario de La Plata. Después de la función de En familia, de Florencio Sánchez, sintió la carencia: “Salimos con vergüenza. Esto es lo que debemos hacer –dijimos–, pero no nos sale. Fuimos a un café y nos quedamos pensando, como si fuera el final de la vida”. Luppi intentó entonces ser alumno de Gené, pero no había cupos. Ante la frustración, se trasladó a Buenos Aires, donde, pasado el tiempo, integró el grupo Gente de Teatro. “Hablé de esto a Gené. Le conté que la imagen que teníamos de él era la de una persona distante, parca, inamistosa, medio autoritaria... Y me respondió con una sonrisa pícara: ‘Eso es verdad’”. El actor recordó otros momentos y trabajos, entre éstos, Cosa juzgada, “donde planteábamos a los televidentes los vericuetos de la Justicia como práctica cotidiana (...). Después, los tiempos se pusieron muy duros y Juan se exilió en Venezuela. Pasaron muchos años, y a la vuelta, curiosamente, empezamos a llamarnos muy a menudo por teléfono, ya más blandos, más cordiales, más entrados en años. Encontrémonos, le dije un día, y él me respondió que no podía porque tenía quimioterapia. Me impresionó su seguridad. Yo, en cambio, sentí que se me iba la vida... Es terrible la desaparición de gente como Juan. Por suerte hay muchos, pero cuando se van, uno siente que se achica la manada”.

Luppi destacó la lucidez de Gené y la particularidad de ser “encantadoramente arbitrario”. “No abrumaba con su sabiduría, y cuando no sabía, no sabía.” El actor memoró otro encuentro. Fue en una entrega de los Premios Cóndor. “El estaba serio y yo, cansado y con un apretujón creciente en el pecho recité ‘Hay tanta gente, tanta, que si aparece uno más, cabe’. Dije la frase al revés de la humorada de Macedonio Fernández, y Juan se rió y me alegré.” (El comentario humorístico que se le atribuye a Macedonio es “Faltó tanta gente que si faltaba uno más no entraba”.) Tras un breve y emocionado silencio, Luppi cerró su homenaje: “¡Qué macana que no esté Juan! Como dijo un amigo: Juan se había recibido de persona”.


 

Página / 12, 1 de diciembre de 2012

 

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