Especial

Juan Carlos Gené

Ha muerto Juan Carlos Gené
Por Milagros Socorro

Dramaturgo, director, actor, maestro y fundador de grupos teatrales, Juan Carlos Gené (Buenos Aires, 1929 – 31 de enero de 2012) ha sido uno de los poquísimos intelectuales y políticos latinoamericanos que encontraron exilio en Venezuela en su huida de la represión ilegal perpetrada por las dictaduras militares, que se ha deslindado del régimen que ahora oprime este país.

Naturalmente, ese no es el único servicio que el recién fallecido maestro Gené prestó a Venezuela, adonde llegó en 1977 para permanecer hasta 1993. Aquí hizo contribuciones de gran valor al teatro, a la televisión (donde se empeñó como escritor), a la academia (fue catedrático de la Universidad Central de Venezuela) y, en suma, a la cultura venezolana, puesto que fue fundador del Grupo Actoral 80, probablemente el más activo y creativo de la escena nacional.

A cambio, Gené encontró en Venezuela la tranquilidad, el apoyo y el estímulo para escribir lo más importante de su obra dramatúrgica. Son algunas de sus obras: El herrero y el diablo (1955), Se acabó la diversión (1967), Cosa juzgada (1971), El inglés (1974), Golpes a mi puerta (1985), Ulf’ (1989), Memorial del cordero asesinado (1990), El sueño y la vigilia (1992), Todo verde y un árbol lila (2007).

Años después de poner fin al exilio, interrogado al respecto por la prensa argentina, Gené dijo: “Hecha ya la experiencia contra mi voluntad, por nada del mundo quisiera no haber vivido la experiencia del exilio. Es profundamente aleccionadora y un desafío de vida o muerte. O se muere en la nostalgia de lo perdido o se elige vivir frente a los nuevos hechos”.

En 2010, cuando el Grupo Actoral 80 (GA 80) fue despojado del subsidio que recibía del Estado venezolano, Gené se puso al frente de la protesta contra el infame hecho. “Me entero, pues, de que el GA 80 ha sido distinguido al quedar expresamente como único grupo teatral privado de apoyo estatal. Alguien está diciendo, entonces, que con el GA 80 no ha habido ningún error, sino una clara acción política. Y, efectivamente, el hecho político es no tolerar el disenso y la crítica. […] Independientemente del carácter más simbólico que real del subsidio ahora negado (me refiero a su monto exiguo), la simbología del gesto se hace de una realidad contundente: se sabe hacia dónde se dirige un proceso en el que estas cosas ocurren y se toleran; nuestro tiempo nos ha dado ya suficientes pruebas de que se marcha hacia la imposible unificación de las mentes, que en su natural impotencia, termina por apelar a silenciar toda voz diferente. Y también conocemos el sofisma de ‘con la revolución todo; fuera de ella, nada’: siempre alguien se atribuye el derecho de decidir quién esta ‘con’ y quién está ‘fuera’, siempre hay alguien que dice ser en sí mismo, esa supuesta revolución”.

-Venezuela –dijo Gené en 2010- era una de las tres democracias de la América Latina de aquel tiempo, junto con Colombia y México. El país había recibido una gran cantidad de intelectuales, actores y artistas de toda la región, y en el taller habíamos convivido argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos y centroamericanos que habíamos logrado un lenguaje común. Así nació el GA 80, con la idea de una expresión común latinoamericana”.

“Durante el tiempo que yo estuve en Venezuela, nosotros existimos con la protección económica del Estado. Como solía pasar en la Venezuela de entonces, como siempre había ocurrido desde 1958, uno se ganaba el derecho de que el Estado se ocupara de la manutención del esfuerzo cultural privado. Eso era ejemplar para toda América Latina. En ningún momento el Estado venezolano nos exigió plegarnos a nada ni nos pedía cuenta de lo que hacíamos. Sólo requería que cumpliéramos los compromisos que tomábamos cuando aceptábamos cada año los subsidios que nos daban, siempre muy modestos, pero un reconocimiento del Estado a nuestra tarea. Un artista o un intelectual no debe plegarse a nada, siempre que pueda. Lo que sugiero con mucha humildad es que uno siempre debe probar hasta dónde llegan los límites. A veces uno se limita mucho antes del verdadero límite que tiene y se termina autocensurando”.

En el comunicado que escribió al enterarse de que el GA 80 había perdido el subsidio, titulado Fórmulas que Göebbels envidiaría, escribió: “Ninguna supuesta revolución que se presuma reivindicatoria de intereses populares tiene derecho de perseguir el disenso de esa manera si no quiere defraudar las expectativas que se hayan puesto en ella”.

“Recibí esa noticia con una profunda pena, en el doble sentido de la palabra: pena como dolor primero y luego pena como la usan allá en el Caribe, como vergüenza, porque de pronto una tradición democrática ejemplar que había instalado Venezuela en el continente pudiera terminarse. El enunciado que tilda a la agrupación de perniciosa es un disparate, una torpeza, algo carente de toda base, de toda veracidad. Cuando alguien se arroga el derecho de legislar sobre la moral pública a través del arte, la situación se torna muy peligrosa. Una situación en la que se trata de unificar las mentes. Pero como eso no es posible, se termina en la represión. Nadie tiene derecho de arrogarse el pensamiento único. No creo en cambios revolucionarios que tengan tal celo por el mínimo disenso”.

Héctor Manrique, quien recibió la dirección del GA 80 de manos de su maestro, Juan Carlos Gené, dijo, acerca de la muerte de éste: “Lo único que viene a mi mente desde ayer, cuando me dieron la noticia, es lo que dice Pío Miranda [personaje de El día que me quieras, pieza teatral de José Ignacio Cabrujas]: ‘Cómo se llena este vacío?

-Y la respuesta –dice Manrique- es: con la luz que emana del actor sobre el escenario. Haremos lo que nos enseñó Gené: el pensamiento se demuestra en el trabajo. No hablando pistoladas.




 

  Código Venezuela, 1 de febrero de 2012

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