Esperando a Godot

 

de Samuel Beckett

 

 

El único desarrollo espiritual posible

es en el sentido de la profundidad

S. Beckett

¿Quién es Godot?

¿El Fondo Monetario Internacional? ¿La Gran Esperanza del inconsciente colectivo? ¿El Salvador que añora nuestro realismo mágico? ¿Dios? ¿El Estallido final o social?

 

Esperamos a Godot. Siempre esperamos y esperaremos a Godot. Pero no vamos a hablar de Godot, quienquiera que este sea, sino de la obra de teatro de Samuel Beckett "Esperando a Godot".

 

Attendant Godot es la segunda pieza teatral escrita en francés por Samuel Becket, la primera fue Eleutheria, que jamás vio la luz de los escenarios. Esperando a Godot, estrenada en París en 1953, marcó un hito dentro del teatro de la postguerra, lo cual significó una ruptura total con el teatro de los años cuarenta, una vuelta al teatro mítico, con muchos ecos y resonancias del teatro griego pero en clave surrealista, lleno de ambigüedades y contradicciones.

 

¿El segundo acto ocurre un día, una semana o un año después del primer acto? La memoria de los personajes es confusa y no nos ayuda a esclarecer la situación. Las instrucciones del texto son las siguientes: Próximo día, la misma hora.. Las botas que Estragon dejó en el primer acto aún están allí en el segundo, a pesar de que parece que ya no le sirven. Y de acuerdo con las indicaciones escenográficas, el árbol en el primer acto aparece sin hojas, insinuando la estación de Otoño y en el segundo acto aparece con hojas, es Primavera. Por otro lado, Pozzo, el maestro autoritario que lleva a su sirviente Lucky para venderlo en el mercado, reaparece en el segundo acto, ciego y dependiendo de Lucky, quien después de ser capaz de recitar un sermón medieval en el primer acto, se muestra en el segundo completamente idiota.

 

Como vemos la situaciones de Esperando a Godot son ambiguas y confusas y forman parte de lo maravilloso de la obra, pero la verdadera fuerza y grandeza de la obra no está en sus situaciones contradictorias, sino en su lenguaje, es aquí donde Beckett demuestra su capacidad de creador excepcional. El lenguaje de la obra tilda en lo poético, con matices de humor y ternura que llegan a un paroxismo existencial.

 

El lenguaje de Beckett trata de atrapar la condición humama en un salto mortal sin redes de protección, sin el tejido barroco de la retórica, ni efectos estéticos especiales, ni volatines escenográficos. El lenguaje de Esperando a Godot es la existencia misma en su vuelo suicida hacia el vacio, hacia el silencio.

 

Martin Esslin califico la obra de Beckett, especialmente la trilogía constituida por Esperando a Godot (En attendant Godot, 1952), Fin de Partida (Fin de Partie, 1957), y Happy Days (1960), con el desacertado calificativo de teatro del absurdo, digo desacertado porque apenas considera superficialmente la contradicción o la paradoja de sus situaciones, descuidando el tema verdadero de la obra de Beckett: el sufrimiento, la sobrevivencia y la inmovilidad de la existencia humana.

 

Si queremos analizar el fondo filosófico y el contexto social de la obra de Beckett debemos recurrir a la filosofía existencial y a la Francia de la postgerra, de los años cincuenta. Más que al existencialismo de la época, de Heidegger y Sartre, nos referimos a la filosofía de Shopenhauer, quien resumía la tensión de la filosofia existencial en la siguiente pregunta, que en terminos hamletianos podríamos resumir como ¿Suicidarse o no suicidarse? La filosofía del hecho trágico del existir como transparencia de su verdad. Verdad que al enfrentar el horror de la nada sólo quiere expresar su pasión por la vida, sólo conocemos la voluntad de vivir.

 

Desde el comienzo de la obra el espectador de Esperando a Godot se enfrenta a dos vagabundos, en un escenario casi desierto. Estragon y Vladimir, dos tramps en el mejor estilo chaplinesco, o quizás Laurel y Hardy, o cualquier pareja de la comedia del cine mudo. Uno parece más educado que el otro, que parece estar más resignado. Ambos tratan de iniciar una conversación siempre interumpida, donde el hilo de la comunicación siempre aparece suelto. Juegan y pelean para olvidar su propio aburrimiento, el cual será interrumpido en cada acto con el paso de otra pareja por el escenario: Pozzo y Lucky.

 

Como todos los creadores de nuevas formas de expresión, la obra de Beckett no ha sido siempre comprendida, pero creo, que en la historia del teatro del siglo XX, la obra de Beckett representa la mayor influencia individual del teatro de la postgerra desde Brecht, y que sus piezas teatrales, revividas en el escenario, en esa dimensión siempre renovadora de la representación, vivirán y reviviran en las infinitas posibilidades de la imaginación humana.

 

Sobre el autor

Samuel Beckett nació en Foxrock, cerca de Dublín, en 1906, de padres protestantes de clase media, estudió en el Trinity College de Dublín. En 1933 después de una estadía infructuosa en Londres emigró a París. Allí se hizo amigo y trabajó como secretario de James Joyce, otro dublines renegado, quien ejerce gran influencia en la obra de Beckett. Durante este período escribe Murphy (1938), la cual comienza: El sol brilló, al no tener otra alternativa, sobre lo nada nuevo. En 1940 Beckett se unio a la Resistencia francesa y en 1942 huye a la Francia Libre perseguido por la Gestapo. En los años cincuenta comienza su período más prolífico que comienza con una trilogía de novelas: Molloy (1951), Malone meurt (1952) La Innommable (1953). Además de la ya mencionada trilogía teatral, escribe las piezas teatrales Krapp's Last Tape (1959), Play (1964), además de otras piezas y textos varios para radio, televisión y cine.

 

En 1961 le otorgan el premio Prix Formentor por su contribución a la literatura mundial y en 1969 gana el premio Nobel de Literatura.

Hoy es siempre todavía

 

Sobre el montaje

(Por E. A. Moreno Uribe) 
 

“Dejando de lado las interpretaciones rebuscadas o de corto alcance intelectual, el director Manrique ha declarado que la visión de GA-80 al respecto es, en definitiva, optimista: ‘Creemos firmemente en que ese Godot, sea quien sea y esté donde esté, llegará algún día. Lo clave o importante es qué hacemos mientras esperamos, y que eso no implique pasividad, sino un acto de profunda fe’.

 

En cuanto al espectáculo, el director Manrique propuso y realizó su montaje dentro de un espacio rectangular y lo rodeó con 54 espectadores en una especie de anfiteatro, obligando así que los actores y la audiencia se buscaran las caras durante la presentación, como si en sus gestos estuviera la clave a tan comprometedores diálogos. Cuidó al extremo el ritmo interno y externo del espectáculo, logrando una excelente combinación de las cinco individualidades actorales ahí presentes. No hubo tiempo para aburrirse, en nuestro caso, ya que como lo enseñó el mismo Beckett, ahí estaba materializada esa libertad total para la interpretación de la realidad escénica y su relación con la realidad del que presencia tan singular ritual.

 

Las actuaciones, elemento fundamental para ese teatro de texto y composición histriónica, fue un trabajo decantado, que demostró la madurez a que ha llegado cada uno de los intérpretes, aunque para nosotros, lo más descollante era el rol encomendado y logrado por Basilio Álvarez. Era un Chaplin revivido pero totalmente contemporáneo, parecía otro ser diferente al prototipo, aunque seguía siendo el mismo personaje que se inmortalizó.

 

En síntesis, Godot pudo haber llegado a la salita del GA80, cualquier noche de su larga temporada, y cambiarle así la vida a más de un venezolano, o morador de esta tierra, que tenga angustias y además se asuste ante su propia imagen en el espejo de su alma”. 
 
 

Ficha Técnica: 
 

Versión, Dirección y Escenografía: Héctor Manrique

Elenco: Iván Tamayo, Basilio Álvarez, Julio Mota, Héctor Palma y Alejo Felipe

Música: Jacky Schreiber

Iluminación: Juan Carlos Ogando

Vestuario: Marcelo Pont-Vergés

Producción General: Carolina Rincón

 

Lugar: Sala GA80

Fecha de estreno: 20 de junio de 1996.

 

Premios: 
 

Premio CONAC- Casa del Artista mejor actor 97: Iván Tamayo por Esperando a Godot.

 
Premio  CONAC- Casa del Artista mejor actor de reparto 97: Alejo Felipe por Esperando a Godot.

 
Premio CONAC- Casa del Artista mejor director 97: Héctor Manrique por Esperando a Godot.

 
Premio CONAC- Casa del Artista mejor producción 97: Carolina Rincón por Esperando a Godot.

 
Premio Municipal mejor director 96-97: Héctor Manrique, por Esperando a Godot.

 
Premio Marco Antonio Ettedgui  98: Héctor Manrique por Esperando a Godot.

 

Galería de fotos

 

 

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