Mi último delirio – Simón Bolívar

Por Jesús Peñalver

¡Sigo estremecido por el delirante Bolívar interpretado por Héctor Manrique! No dejen de ver esta nueva magnífica puesta en escena, del Grupo Actoral 80. Todo el argumento fue dicho por el propio Bolívar, con la asesoría de la muy competente historiadora Inés Quintero y el mismo Manrique que es un verdadero monstruo del teatro venezolano, son razones suficientes para recomendar esta obra. Aplausos de pie para todo el equipo que se menciona más adelante.

Dijo el poeta Andrés Eloy Blanco: “Se ha citado mucho a Bolívar; pero Bolívar sirve para todo. A Bolívar no se puede citar sino con cuidado… Bolívar sirve para justificar un acto de represión. El Bolívar de 1828, llevando al arzobispo de Bogotá como miembro del Consejo de Estado, es un dictador en pleno ejercicio de la dictadura; y el Bolívar de 1830 ya no es sino el desprendimiento del creador amargado por la creación”.

Y razón tenía el bardo oriental, porque Bolívar es oceánico. Es el árbol: el que quiera una fruta para darle qué comer a alguien, allí está Bolívar frutal; el que quiera una estaca para darle golpes a un *yangüés, allí está Bolívar con ramazones; el que quiera una cruz para clavar a alguien, allí tiene a Bolívar con sus ramas cruzadas; el que quiera una flor para adornar la frente de la patria, allí está Bolívar florecido, y el que quiera una sombra para esconderse y ocultar una trampa o disparar un perdigón sobre algún incauto pájaro electoral, allí está Bolívar frondoso” (*natural de Yanguas, España)

En esta obra no se corre el riesgo de la improvisación ni es versión libre ni adaptación de ninguna que haya existido antes. Dicho de otro modo –o repito– el Grupo Actoral 80, con la asesoría de la historiadora Inés Quintero, “desarrolla e indaga en un texto dramatúrgico que busca ajustarse de manera rigurosa a la realidad histórica y poder llevar a escena un personaje más humano y real, como lo era Simón Bolívar, mostrando sus características personales, detalles de su vida privada, emociones, afectos o dilemas. Usando como principal herramienta narrativa las misivas escritas por él mismo y sus allegados”.

No es el Bolívar encumbrado ni el montado en el pedestal de las loas y lisonjas interminables: pulquérrimo e incontaminado. No, nada de eso. Es la persona que fue con errores y aciertos. No es el Libertador del que solo se puede hablar de sus heroicas batallas, sus proclamas y admirables acciones y virtudes ciudadanas, políticas y militares.

Evidentemente admiro y respeto al actor, director y productor de teatro que encarna Héctor Manrique. También al gerente cultural que ha sido y es. Pero en este caso, aun suscribiendo sus propias palabras, el público debe intentar ver y apreciar lo que el actor representa y quiere emitir como mensaje. Sobre todo, en esta hora de angustia que vive el país.

Porque también debo resaltar el sentido de la oportunidad, la vigencia de los textos de Bolívar que supo la profesora Inés Quintero tratar con el profesionalismo y tino histórico que le son inmanentes y connaturales, para ponerlos en manos del admirado actor.

Quiero hacer justicia en esta nota y no dejar de mencionar a ninguno que haya tenido que ver con el montaje de esta excelente obra. Actuación: Héctor Manrique. Adaptación: Héctor Manrique; Pedro Borgo; Pilar Arteaga; Asesoría e investigación histórica: Inés Quintero; Prensa: Patty Oliveros; Asistente de dirección: Dima Ballan; Diseño Gráfico: Manuel González; Fotografía: Anderson Díaz; Maquillaje: Sabrina Sommi; Coreografía: Brixio Bell; Iluminación: José Jiménez; Vestuario: Eva Ivanyi; Música: Aquiles Báez; Espacio escénico: Héctor Manrique; Producción: María José Castro; Dirección: Pedro Borgo.

Y eso fue así porque Héctor se dedicó a hacer teatro, a estudiarlo, a investigarlo, a crear, incluso, su propio estilo y personalidad sobre las tablas. Y esto ya sea como director o actor. Entonces (el pasado viernes) no dejó de recordar y reconocer en su anécdota que fue Rodolfo Izaguirre quien lo mandó a casa de José Ignacio Cabrujas cuando Manrique le expresó, con apenas 15 o 16 años, su interés en hacer cine o teatro. Cabrujas luego lo remitió adonde el maestro Juan Carlos Gené, y a partir de allí y hasta el día de hoy, para dicha de todos nosotros, El Grupo Actoral 80 es una de las instituciones, sigue siendo, más activas y prestigiosas del país, dándonos asomos de cultura y sensibilidad.

Bueno, yo fui al estreno el pasado viernes con Rodolfo Izaguirre a ver a Héctor Manrique y me encontré fue con Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Enhorabuena.

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